Diagnóstico 

El primer paso para el diagnóstico de cáncer de pulmón es realizar al paciente la historia clínica.

 

 

¿Cómo se diagnostica? 

Para diagnosticar el cáncer de pulmón es imprescindible conocer los síntomas por los que el paciente acude a la consulta e investigar si es o no fumador, el tipo de trabajo que realiza, los antecedentes familiares de la enfermedad y los antecedentes personales de otros tumores; es decir, conocer su historia clínica. 
El segundo paso es la realización de la exploración física del paciente, buscando signos y síntomas que puedan corresponder a la enfermedad.

Con esta información, el médico valora la necesidad de completar el estudio con una serie de pruebas. Las más habituales son las siguientes:

 

Análisis de sangre y orina: son las primeras pruebas que se realizan. Con ellas se busca conocer el estado general del paciente. Si tiene o no alteraciones de la función renal o hepática.

 

Radiografía de tórax: es una prueba imprescindible en el diagnóstico del cáncer de pulmón. La aparición de nódulos o manchas en el pulmón, cambios en el mediastino, o derrames pleurales (acúmulo de líquido en la pleura) son algunos signos sugestivos de la enfermedad.


Citología de
esputo: consiste en analizar en el microscopio el tipo de células que existen en el esputo del paciente. Para ello se tienen que recoger a primera hora de la mañana tres muestras. La eficacia de esta prueba depende sobre todo del tamaño del tumor y de su proximidad a los bronquios principales.

 

Broncoscopia o fibrobroncoscopia: se utiliza para examinar la tráquea y los bronquios directamente desde el interior de los mismos. Se realiza mediante la introducción de un tubo flexible llamado broncoscopio en las vías respiratorias. El interior del tubo contiene fibra óptica que permite a los especialistas visualizar todo el recorrido desde un monitor de televisión. Tiene además un mecanismo que permite tomar muestras de las lesiones sospechosas, para posteriormente analizarlas en el microscopio. En otras ocasiones, cuando las lesiones no son visibles, a través del broncoscopio se introducen líquidos para lavar la zona y una vez aspirados se analizan en el microscopio las células que contienen.

Para la realización de esta prueba el paciente debe estar en ayunas. El neumólogo (médico especialista en pulmón), antes de introducir el broncoscopio debe anestesiar la zona de la garganta, laringe, tráquea y bronquios. Algunas personas notan una sensación de asfixia cuando el tubo pasa por la garganta, pero en realidad no se produce.

El paciente suele presentar náuseas y tos hasta que la zona queda anestesiada. Aproximadamente dos horas después de la prueba el paciente puede comer y beber.

La broncoscopia también aporta información sobre el lugar donde asienta el tumor, las estructuras que afecta…, datos interesantes para planificar algunos tratamientos.

 

Punción con aguja fina: consiste en obtener células de la lesión mediante la realización de una punción torácica con aguja fina, generalmente bajo control de una tomografía computerizada (TC). Esta técnica se utiliza cuando el tumor se halla en una zona periférica del tórax a la que es difícil acceder mediante la broncoscopia. En ocasiones puede producirse un neumotórax (paso de aire al espacio pleural), que tiene fácil solución.

 

 

¿Qué más pruebas se pueden hacer? 

Una vez que se ha diagnosticado la lesión en el pulmón, es preciso determinar la extensión tanto local como a distancia de la enfermedad. Para ello, el médico solicitará una serie de pruebas que completen el estudio:

 

Escáner o TC (Tomografía Computerizada): el escáner es un aparato de rayos X, que realiza radiografías del paciente desde varios ángulos. Estas imágenes son combinadas y procesadas en un ordenador para dar lugar a radiografías en las que se visualizan de forma muy precisa todos los órganos. Esta técnica es de gran importancia a la hora de tomar decisiones con respecto al tratamiento.

Se trata de una prueba indolora, que se realiza en 20- 30 minutos, tiempo en el que es necesario que el paciente permanezca inmóvil sobre la camilla del escáner. En el cáncer de pulmón se realiza a nivel torácico, abdominal y/o craneal.

  • TC Torácico: tiene la ventaja de detectar alteraciones no visibles en la radiografía de tórax y aportar información sobre la situación del mediastino (afectación de ganglios), invasión de la pared torácica o existencia de derrames pleurales.
  • TC Abdominal: se realiza para estudiar la extensión de la enfermedad a órganos como hígado o glándulas suprarrenales.
  • TC Craneal: se utiliza para determinar la existencia de posibles metástasis cerebrales (en pacientes en los que se sospecha su presencia).

 

Gammagrafía ósea: es una prueba utilizada para valorar la existencia o no de metástasis óseas, es decir la afectación del hueso por células tumorales. Consiste en la inyección intravenosa de una sustancia radioactiva (isótopo) que se fija en el hueso. Las zonas de hueso que tienen afectación tumoral captan más cantidad de isótopos y se visualizan como zonas más oscuras.

 

Tomografía por emisión de positrones (PET): es una técnica muy novedosa, capaz de detectar lesiones no visibles por otros medios. Consiste en introducir un isótopo con glucosa (tipo de azúcar) que es captado con mayor avidez por las células tumorales que por las células normales, por lo que las lesiones tumorales aparecen como zonas más marcadas.

 

Espirometría: consiste en valorar la capacidad pulmonar del paciente al hacerle soplar. Permite cuantificar parámetros que permitan saber si puede someterse a una cirugía (extirpando parte o totalmente un pulmón) sin riesgo.

 

 

¿Qué hacer para disminuir el malestar asociado a la realización de las pruebas médicas? 

Las pruebas necesarias para obtener un diagnóstico preciso de cáncer de pulmón no son dolorosas, aunque algunas de ellas pueden resultar en ocasiones difíciles de tolerar.

Algunas recomendaciones para que resulte más fácil la realización de estas pruebas son las siguientes: 

  • Acude acompañado. Charlar con una persona cercana te ayudará a estar más tranquilo.
  • Pide a tu médico que te explique lo que va a pasar. No te dejes llevar por tu imaginación.
  • Céntrate únicamente en lo que ocurre en cada momento.
  • Utiliza alguna técnica de relajación antes y durante la realización de la prueba.
  • Si estás nervioso, coméntaselo a tu médico. Puede darte alguna medicación para reducir la ansiedad ante esa situación.

El estar tranquilo, relajado, seguir las instrucciones del especialista y eliminar de la mente pensamientos negativos puede ayudarte a tolerar mejor las pruebas.

 

 

 

 

 

 

Contenido actualizado el 10 / 6 / 2011

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