Ante la enfermedad 

Enfrentarse a un diagnóstico de cáncer es una situación inesperada que supone un cambio importante en la vida. El enfermo pasa de ser una persona más o menos sana, con sus ocupaciones y sus problemas cotidianos, a ser una persona con una seria enfermedad. La forma en que el cáncer afecta a cada persona es diferente.

Mujer preocupada 

 

 

Cada persona tiene una forma de ser, un modo de hacer frente a los problemas, un conjunto de creencias y valores, y una forma determinada de ver el mundo, y por tanto, única será la forma que cada uno afrontará la enfermedad. Hay tantas reacciones como personas.

Aunque las reacciones de cada persona son diferentes, las emociones que sentimos las personas ante estas situaciones suelen ser comunes a todos nosotros.

¿Es posible sentirse bien cuando a uno le acaban de decir que tiene cáncer? Obviamente no. Lo más probable es que ante esta situación aparezcan emociones negativas. Son sentimientos naturales y normales que poco a poco se irán debilitando.

Podrás pasar por diferentes fases, con reacciones similares a las que ocurren cuando recibimos una mala noticia:

  • Shock o fase de crisis, caracterizada por sentimientos de fragilidad y vulnerabilidad, confusión, inseguridad, pérdida, que puede durar desde unos días a unas pocas semanas. Se puede experimentar una sensación de que nuestra existencia está en peligro o de pérdida del marco de referencia.
  • Negación, incredulidad ("no es posible, tienen que haberse equivocado")
  • Tristeza, depresión, llanto, impotencia, miedo...
  • Aceptación: suele coincidir con el tratamiento y el alivio que supone estar haciendo algo.

La mayoría de las personas diagnosticadas de cáncer sufren un shock emocional al recibir el diagnóstico; nadie está preparado para recibir esta noticia. Necesitamos tiempo para asimilar lo que está pasando.

Algunas personas se ponen muy nerviosas, agitadas, irascibles, otras se sienten tremendamente tristes, o se encierran en sí mismas... El enfermo puede experimentar, entre otros sentimientos, tristeza, cólera, miedo, confusión y desesperanza.

Tras el diagnóstico, las personas sentimos miedo, a sufrir, al futuro… y rabia. No es raro que las personas se pregunten si se van a morir, por qué le ha ocurrido a ellos o por qué la vida les ha tratado así. Es totalmente normal hacerse estas preguntas.

Te puedes sentir desesperanzado y triste. Es normal, sin duda es difícil sentirse optimista en una situación así.

La sensación de incertidumbre e inseguridad respecto a lo que pueda ocurrir es la sensación que probablemente caracteriza mejor que ninguna otra la experiencia de cáncer.

También es frecuente sentirse culpable por no haberse dado cuenta antes, por haber podido hacer algo que provocase el cáncer… Es muy importante que recuerdes que el cáncer no es culpa tuya, ya que la enfermedad es consecuencia de la combinación de múltiples factores.

Es importante no confundir estas reacciones y temores con un problema psicológico. Recuerda que todas estas emociones son normales y poco a poco se irán debilitando, son parte del proceso de adaptación.

No olvides que las tasas de supervivencia son cada vez más elevadas; cerca de 8.4 millones de personas con cáncer viven en este momento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Contenido actualizado el 5 / 8 / 2015

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