Hablamos con una psicooncóloga sobre la importancia del tratamiento psicológico en las personas con cáncer y sus familiares

Carmen Yélamos

Carmen Yélamos, coordinadora de psicooncología de la AECC

 

 

 

Afrontar un diagnóstico de cáncer supone sin duda un reto vital que, por supuesto, afecta a todos los planos en la vida del paciente, pero también a los familiares más cercanos que han de convivir con el torrente de emociones y sensaciones que desencadena la enfermedad y que, en muchos casos, precisan de una atención psicológica especializada. Sin embargo, tal y como pone de manifiesto un nuevo estudio que el Observatorio del Cáncer de la AECC dará a conocer el próximo 4 de febrero durante nuestro VIII Foro Contra el Cáncer, no estamos respondiendo todo lo bien que deberíamos al dolor emocional de las personas afectadas por el cáncer. Carmen Yélamos, coordinadora de psicooncología de la AECC, reivindica en esta entrevista el papel del psicólogo en el tratamiento del cáncer y de qué manera puede ayudar a digerir el malestar emocional. 


 

 

El miedo y la angustia son habituales e inevitables y, en muchos casos, existe un bloqueo emocional que hace que, como familiares de la persona enferma, nos sintamos incapaces de abordar la situación. ¿Es normal no saber cómo ayudar? ¿Cuál es la mejor manera de mostrar nuestra ayuda?

El cáncer afecta tanto al enfermo como a su entorno familiar más cercano, de tal forma que, cuando un miembro de la familia tiene cáncer, toda la familia se ve afectada. Son momentos difíciles para todos y es relativamente normal no saber cómo ayudar. No existen recetas mágicas, pero puedes infórmate sobre la enfermedad, el diagnóstico y los tratamientos que va a recibir la persona enferma, sobre las reacciones emocionales más habituales y las preocupaciones más frecuentes. Trata de comportarte con naturalidad, sin dramatismos, intentando mantener una actitud positiva y tratando de transmitirle apoyo y energía, sobre todo en los momentos en los que el paciente pueda estar más débil o desanimado.
 

¿Qué supone a nivel emocional cuidar a un familiar con cáncer? 

El impacto de la enfermedad sobre la familia dependerá, por una parte, del parentesco y el tipo relación que se mantenga con el enfermo; pero también del tipo de cáncer, de los tratamientos, de la edad de cada miembro de la familia, del apoyo social disponible, de los recursos personales que el familiar tenga para afrontar la situación… 

En cualquier caso, las necesidades derivadas de las visitas y acompañamientos al hospital, de reorganización de la vida diaria ante las pruebas o los tratamientos, los cambios en las prioridades vitales… Son factores que alterarán el ritmo de vida familiar y las relaciones con los demás. Esto puede ser física y emocionalmente agotador para los familiares, quienes también sufren el miedo a la enfermedad, la tristeza ante la situación, las preocupaciones ante su recuperación y el futuro de la persona a la que quieren y que está enferma… 

Los familiares pueden sentir desesperanza y tristeza, incertidumbre y miedo, angustia y ansiedad ante el futuro. En el estudio que se presenta con motivo del 4 de febrero, Día Mundial contra el Cáncer, la AECC pone de manifiesto que el cáncer y sus tratamientos generan malestar emocional y afectan significativamente al entorno familiar más cercano. Los familiares presentan niveles de distrés y síntomas de ansiedad y depresión superiores a los observados en población general e, incluso, en los propios pacientes.

 
Al estrés, al dolor, a la incertidumbre, etcétera, se une también, en muchos casos, la indefensión laboral, los problemas económicos derivados de los altos costes de los tratamientos oncológicos… Cuestiones que no hacen más que aumentar ese estado de estrés. ¿Cómo puede ayudar el profesional a reducir los niveles de ansiedad que genera la enfermedad?

Ante el diagnóstico de cáncer, el profesional de la psicología puede ayudar al paciente a asimilar la información, tomar decisiones razonadas, optimizar la comunicación con el equipo médico, controlar los síntomas de ansiedad y tristeza, y mejorar la comunicación y apoyo familiar. También les podrá orientar en lo que respecta a la hospitalización y los tratamientos quirúrgicos, los síntomas físicos y los cambios psicológicos, así como en el entrenamiento en control del estrés, y asistencia para la recuperación emocional y funcional.

La finalización de los tratamientos y la vuelta a la vida normalizada requiere que la personas, por un lado, hagan frente al malestar ante la experiencia vivida con las secuelas derivadas del proceso de enfermedad (trastornos neurocognitivos, sexuales, linfedema, neurotoxicidad…), las preocupaciones y miedos a las recidivas, ansiedad ante las revisiones, etcétera. Por otro lado, se afrontará la recuperación de la vida social, laboral y recreativa; así como la vida familiar, de pareja y sexual que pueden requerir tratamientos psicológicos con frecuencia.
 

La manera en la que nos relacionamos y comunicamos con la persona enferma es otra de las cuestiones que deben abordarse con un profesional. Por ejemplo, determinados comentarios y/o comportamientos pueden aumentar la incomunicación o los sentimientos de incredulidad, tristeza, enfado o miedo. ¿Qué nos puede ayudar a salvar los obstáculos en la comunicación con nuestro ser querido?

La mayoría de los familiares sufren un shock emocional similar al que sufre el paciente, y necesitará un tiempo para asumir la situación. En este sentido, en un primer momento de la enfermedad, el familiar puede no saber cómo actuar. Lo que es importante es que el paciente sea capaz de percibir el apoyo de su entorno porque, generalmente, encuentran menos dificultades para afrontar la enfermedad. En ocasiones, bastará con hacerle saber que estás ahí. En otros momentos, podrás ayudar en tareas del día a día (haciendo gestiones, cuidando a los niños…), escuchándole o ayudándole a tomar una decisión. 

Es esencial que estés informado y que ayudes a afrontar la enfermedad con naturalidad, sin dramatismos, y atendiendo a las necesidades de la paciente en cada etapa de la enfermedad. Si lo necesitas, puedes solicitar apoyo psicológico de forma gratuita con nuestro equipo de profesionales. 

 

 

Consejos prácticos que te ayudarán a afrontar la enfermedad en familia

 

  1. No hagas del cáncer un tabú.
    Es importante que lo afrontéis con naturalidad. Comentad juntos la información médica e implicaros en la toma de decisiones, respetando siempre la de la persona enferma.
     
  2. Trata de comprender lo que el paciente está pasando.
    Recuerda que cada persona reacciona de forma diferente ante el diagnóstico, los tratamientos y sus efectos secundarios.
     
  3. Pregúntale qué cosas le preocupan. Dale la oportunidad para que pueda expresar sus sentimientos y preocupaciones, esto le ayudará a sentirse comprendido. Cuéntale también cómo te sientes y qué te preocupa. Le ayudará saber que no está solo.
     
  4. Escucha.
    Si no sabes que decir, no digas nada. No quites importancia a lo que sucede y evita las frases hechas para animar (“no te preocupes”, “deja de pensar en esas cosas”, “tienes que ser positivo/a y fuerte”, etcétera).
     
  5. Respeta su silencio si no quiere hablar.
    Ofrécele tu apoyo para cuando lo necesite. No es aconsejable hablar de la enfermedad de forma constante.
     
  6. Deja que llore.
    No tienes que decir o hacer nada especial, lo que más necesita en esos momentos es tu compañía y tu afecto. No temas si tú mismo lloras o te emocionas.
     
  7. No comentes con el entorno aspectos relativos a su enfermedad o los tratamientos.
    Puede que el paciente no desee que sean comentados. Respeta sus deseos.
     
  8. Hablad con franqueza y sinceridad sobre lo que os preocupa o molesta del comportamiento del otro.
    Sin juicios o críticas.
     
  9. Comparte las cosas importantes, también las cotidianas.
    Poned un poco de sentido del humor, bromear, desdramatizar, cuidando el momento de hacerlo.
     
  10. Cuídate.
    Sigue manteniendo hábitos de vida saludable en la medida de lo posible (sueño, descanso, alimentación, etc.), realiza ejercicio físico con regularidad, tómate cada día un tiempo para ti o para realizar una actividad que te apetezca (leer, ir al cine, yoga, relajación…), evita el aislamiento y pide ayuda a otros familiares, amigos para que te sustituyan un rato o te echen una mano. Es una forma de darles también la oportunidad de sentirse útil.