El cáncer invisible (Episodio 4)

Hace 9 meses

Hoy, 14 de febrero, San Valentín o San Ballantines, como le gusta llamarlo a los que no tienen pareja, he de decir que sigo vivo. La semana pasada me han realizado un TAC abdominal sin contraste porque no me dio la real gana de tomar el yodo pensando que iba a vivir más, de momento eso se ha cumplido. Sin embargo, el resultado del TAC fue: pequeño quiste milimétrico en el segmento IV del hígado. En definitiva, que si llego a tomar el yodo me lo hubieran visto perfectamente todo, hasta las entrañas. Y eso no me lo perdono, porque tenga lo que tenga ya hubiera podido descansar tranquilo en relación a los demás. Pero ahí sigue mi lucha continua con la gente que me rodea, aunque ya se empiezan a preocupar más de lo debido los que no están contigo en el día a día, es decir tus amigos y el resto de tu familia. No obstante, mi madre sigue en sus trece diciendo que si todavía sigo pensando que tengo cáncer. Obviamente, sí. Lo que llama poderosamente la atención es que estoy aguantando con 58 kilos de mierda, que si me sopla el viento me tira al suelo, pero sigo estando como un roble, al menos los bíceps no se me han bajado y puedo sacar bola.
Ayer antes de ir al Quirón, pasamos por el endocrino, un médico muy simpático que te dice lo que debes comer o no comer según tu caso. En el mío fue que comiera más, que comiera bocatas de chorizo, otrora vicio tremebundo después de clase, ¡cuánto los echo de menos! Hasta ahí, todo bien. Me siguen achacando mi pérdida de 10 kilos en dos meses a la depresión y que tome las pastillas milagrosas (lorazepan). Además, hoy mi madre ha ido a la médica de cabecera para haber si me pueda mandar una ecografía abdominal. Cristina, muy maja ella, le ha preguntado a mi madre que qué tal estaba yo, mi madre ha obviado por completo la parte física y la enseñado el informe del psiquiatra. De risa. Para muchos sigo estando un poco majareta, pero ellos ante su otra realidad son felices y de eso me enorgullezco.
Después de haberme informado en ese paraíso que es Internet, mi hígado no es que esté muy bien que digamos, no por haber bebido mucho que no es mi caso. Cuando se llega al final de la enfermedad hepática aparecen una serie de síntomas. Bien, en este caso he descubierto que puede que tenga metástasis en el hígado, o cirrosis, por diferentes cuestiones:
• Análisis de sangre:
La relación entre las transaminasas ast/alt me da por encima de 1 aunque no las tenga por encima de los límites. Tengo 18 y 16 y bajando ya que hace un año y medio tenía 29 y 42. Y progresivamente han ido bajando hasta ahora, porque esto no es reciente sino que llevo un año y medio, casi dos, con algo en el cuerpo sin darme cuenta.
La bilirrubina sigue aumentando poco a poco. Dato significativo de la cirrosis, ya que no hace falta tener una bilirrubina por las nubes como para hacer sospechar algo, simplemente que vaya en aumento.
Y la ferritina por encima de los límites que pueden sugerir una hemocromatosis.
• Síntomas físicos:
He perdido 10 kilos de peso, bien es cierto que tampoco he comido mucho por cuestiones mentales, sin embargo la enfermedad agudiza los síntomas.
Tengo los ojos amarillos, uñas de moradas, eritema palmar (buscadlo en google) y se me cae la barba y el vello púbico a cachos. A esto nadie le da importancia lógicamente, pero hay que dársela.
Tengo hinchado el abdomen superior por culpa del maravilloso hígado que tengo, que aunque él no ha sido el responsable, está luchando por error de un cáncer en otro sitio.
• Pruebas médicas:
Volvemos a hablar del TAC. Aunque no se pueda vislumbrar correctamente la presencia de numerosos “quistes” en el hígado, están ahí si te fijas más atentamente. El tomar o no el yodo es elección de cada uno, probablemente si no supiera lo que tengo lo habría tomado. Por cierto, me han descubierto un cuerpo extraño metálico en la zona abdominal. Algún gracioso de cuando me operaron hace 16 años de una hernia en ese lugar se dejó un objeto, que no creo que sea el culpable de todos mis males.
Si os dais cuenta, hemos pasado de hablar del esófago, a hablar del hígado. Sin esófago puedes vivir, pero sin hígado no, ése es el problema. Me sigo reiterando antes mis síntomas: cáncer de esófago con metástasis en el hígado. Pero, ¿de dónde viene todo?
He podido llegar a la conclusión, que probablemente el virus del papiloma humano (VPH) haya sido el responsable de todo. Hay estudios en la web, que sugieren la posibilidad de que el cáncer de esófago tenga relación con el VPH. Ahora viene el lío.
Hace 4 años, me salieron unas verrugas en el pene, fui al dermatólogo, me las quemó y listo, desaparecieron, pero el médico me dijo que tenía que usar preservativo para no contagiar. Caso omiso, con mi novia de toda la vida no usé condón y la contagie. Gracias a dios ella pudo erradicar esa enfermedad. Sin embargo, yo sigo pensando que soy el portador del VPH, por lo que en mi cuerpo se ha podido crear el cáncer de esófago. El porqué no lo sé. Hasta ahí alcanza mi inteligencia, eso lo deben valorar los médicos.
Por lo tanto, todo en nuestro cuerpo tiene relación. Que tiene que ver el follar con el comer, o que tienen que ver las uñas o los ojos con el hígado. Aparentemente nada, pero es que este engranaje tan perfecto al que llamamos cuerpo humano, avisa de que algo va mal sin que nosotros le demos la más mínima importancia.