Una carta a mi madre

Hace 8 meses

Es díficil y doloroso expresar con palabras lo que aquello fué.
Ahora, después de tanto, pero a la vez rápido paso del tiempo,
me parece imposible que alguna vez existiera, ó existieses.
Habría deseado que hubieras sido un sueño, pero no!
, no fuiste un sueño que pasó por mi mente, no!
Fuiste amor?, sí, pero diferente; no el que todos piensan,
para mí fuiste cariño, comprensión y amistad.
Tus manos eran seguras, y tus abrazos, las murallas dónde resguardarme del miedo e inseguridades de la infancia.
Tus ojos, los fieles espejos de tu alma,
tu voz, (sólo en sueños la suelo recordar),
cuando me dices „Tranquila, he vuelto, no te volveré a abandonar,
todo se va arreglar“.
En ese instante me declaro la persona más felíz del mundo,
pero cuando el sueño se rompe
y se torna a ser una leve imagen en mi mente, entonces, sufro de verdad;
es tan bonito soñar!.
Es tan bonito recordar, pero doloroso el aceptar su imposibilidad.
¿Imposibilidad?, ¿Dónde?- os preguntareís.
En el futuro, en el presente, pero no en mi pasado.
La felicidad que me fue dada por tus manos, esa no la podré olvidar.
El dolor sentido al perderte, ese, os lo juro, es imposible de apartar.
Sólo pido, y espero, que algún día podraís escribir (mejor o peor)
los mismos sentimientos que sentí yo,
que tengaís ese amor que tuve yo, pero que me fué arrebatado,
como a quién le roban su joya más preciosa.
Luchad por él, pues cuando no se tiene, uno se da cuenta de su valor,
pero luego su falta es un horror.
¿Amor?, sí, es una declaración de amor,
amor de infancia, amor arrebatado,
de amor recibido, de amor extrañado,
pero desgraciadamente, de amor pérdido.
Esto es una declaración de amor, de amor a mi madre.
Por eso mismo esta carta no llevará dirección,
pues no la hay, es un amor frustrado;
pero si remitente, yo.
Pensad en ello, pues las vuestras si tienen dirección,
y muchas veces no os daís cuenta de lo que ese amor os supone.
(Febrero 1.994)