Mi madre: gran luchadora contra un tumor en el sistema nervioso central

Hace 4 años

Todo comenzó hace aproximadamente veinte años, cuando de forma espontánea y esporádica empezaron a venirse imágenes a su cerebro. Eran imágenes sin ningún sentido y se asociaban en ese momento a un estado de nerviosismo y ansiedad. Se producían con intervalos de meses y la duración de visión de esas imágenes era de segundos. Eran castigos de corta dimensión en el tiempo, que una vez pasados permitía continuar con su vida normal. Con el tiempo se fueron haciendo más frecuentes, se producían con intervalos de semanas pero su intensidad seguía siendo leve, de segundos de duración.
Durante todo este tiempo acudimos a médicos que realizaron multitud de pruebas y diagnósticos, se le propusieron variedad de tratamientos y en ningún caso eran acertados. Algunos funcionaban durante un tiempo pero con el tiempo se hacían ineficaces. En ningún caso, de ninguna manera, ni siquiera se insinuó que pudiera ser algo grave.
El punto de inflexión se produjo entre finales del 2011 y principios del 2012. Aquí todo empeoró considerablemente, las crisis se acentuaron, ya ocurrían pasados días o incluso horas y la intensidad de las mismas era mayor. Se intensificaron los estudios médicos mediante pruebas más complejas y un informe radiológico identificaba por primera vez una pequeña masa en el lóbulo lateral temporal del cerebro de pequeñas dimensiones que, de acuerdo a su morfología y dimensión, y teniendo en cuenta el tiempo con que mi madre sufría este problema, se diagnosticó como una masa benigna.
Tras esto, simplemente por cuestiones de calidad de vida, la decisión fue quitar la masa para eliminar esos problemas de visiones que se asociaban a un supuesto tipo de epilepsia. El día antes de la operación se realizó una resonancia magnética para facilitar al día siguiente el proceso de la operación, y mientras mi madre estaba dentro de la sala realizándose la prueba empezaron a llegar varios médicos con cara de preocupación. Nos llamaron a mi padre y a mí y nuestras vidas cambiaron por completo.
La masa había multiplicado su valor por dos en seis meses, aquello no era una masa benigna, era maligna y lo que no se sabía era cómo de maligna. En aquel momento mi padre preguntó si la vida de mi madre corría peligro y yo interiormente pensé: “hay que ver las cosas que dice mi padre, es que duelen hasta los oídos”. Pero la pregunta de mi padre no iba mal encaminada, el problema era que yo era un ignorante, de hecho ni siquiera sabía que podían aparecer tumores en el sistema nervioso central, qué era un ganglioglioma (tumor benigno diagnosticado en primera instancia), qué era un astrocitoma de grado I, II o III, qué era un gliobastoma, qué era la radioterapia ni quimioterapia, ni esperanza de vida de estas enfermedades, ni que la sufren entre 4 ó 5 mujeres de cada 100.000… no tenía necesidad de saber nada de todo esto.
Tras la operación, en la cual no pudieron quitar todo el tumor por encontrarse en una zona muy delicada (ganglios de la base), nos dijeron que el tumor estaba poco vascularizado que no tenía morfología de tumor maligno, pero la anatomía patológica dijo todo lo contrario y se trataba de un astrocitoma grado III. En aquel momento sólo teníamos miedos, preguntas, intrigas, nervios, ansiedad… nuestra perfecta vida había dado un giro de 180 grados.
Empezamos con la radioterapia que le producía mucho cansancio pero ella era fuerte y se reponía bien. Sin embargo, la radioterapia le produjo un sangrado de la pequeña masa de tumor que no le pudieron extraer, pero ella era fuerte y también se recuperó sin secuelas.
Luego vino la quimioterapia que no le produjo ningún efecto secundario lo cual le permitió tener una calidad de vida aceptable, hicimos viajes y salíamos a comer a menudo a bares. Terminó la quimioterapia y entonces tuvimos 3 meses de tranquilidad.
Tras los 3 meses de tranquilidad, durante los cuales sí es cierto que empezamos a detectar problemas nuevos en el habla, se produjo la primera caída considerable, tuvimos que acudir rápidamente al hospital porque se le produjo a mi madre una hemiplegia. Se le realizaron pruebas médicas y se observó una recidiva del tumor con una vascularización preocupante que alarmaba de que se hubiera convertido en un tumor más agresivo, un gliobastoma. Aquí fue cuando se nos acabaron las esperanzas y empezamos a vivir la peor etapa de mi vida, una etapa marcada por la desesperanza y el agobio de saber que lo que más quería en este mundo se me estaba yendo.
La única opción que nos propusieron fue la quimioterapia en fase II que tenía la facultad de darle a los pacientes una esperanza de vida de 6 meses… no había posibilidad de operación ni nada, era lo único que te podían ofrecer. Eso para mí era una miseria, no era suficiente. Buscamos otras clínicas: privadas o públicas, en España o en el extranjero pero no había cura para esta enfermedad.
Con su hemiplejia continuamos este duro proceso, luego empezó a tener problemas de visión donde se le cerró un párpado, seguidamente perdió el habla completamente, la poca fuerza que le quedaba en su ladito afectado la perdió, llegaron los dolores de cabeza, los vómitos… y cuando nos dimos cuenta estábamos en los seis meses.
Es cierto, que hasta las últimas 4 ó 6 semanas, eso sí, con sus achaques, podíamos tener una vida más o menos ordenada. Pero al final todo era muy difícil ya que no podíamos darle la medicación por los vómitos, le costaba trabajo comer y tragar… todo se hacía insostenible.
El jueves 14/08/2014 acudimos al hospital y yo quería seguir creyendo, aunque en el fondo sabía que no, que volveríamos a casa. Me quedó claro cuando nos mandaron a la planta sexta para cuidados paliativos, a la habitación 605. Aquí he pasado los peores días de mi vida. El jueves por la noche ella estuvo inquieta pero consciente, los médicos siempre nos habían dicho que el proceso era pasar de dormir mucho a un estado de coma y luego el fallecimiento sin ningún tipo de dolor… Entonces, yo al verla consciente, estaba aún confiado de disfrutar de su presencia.
Al día siguiente, el viernes, durmió mucho pero cuando despertaba pues estaba con nosotros, consciente, bien, entretenida… El sábado empezó a dormir aún más de forma rara, exagerada, se puso muy inquieta cuando despertó y tuvieron que ponerle medicación para el dolor de cabeza,. Para mí la sedación era una palabra tabú pues sabía que era síntoma de cosa negativa según había leído. El domingo despertó por la mañana y nos dedicó los últimos 5 minutos de gloria, consciente, simpática, con una sonrisa en la boca, sonrisa que nunca abandonó durante su lucha contra esta enfermedad. Después durmió y ya nunca volvió a despertar.
Empezó a dormir de forma rara, la intenté despertar y no podía despertarse, se movía mucho como con dolor en la cabeza y los médicos decidieron sedar a mi “omaita”. Yo le apretaba la mano y ella me devolvía el apretón, intentaba abrir los ojos y yo la miraba para que supiera que estaba allí, le hablaba para que se sintiera acompañada y si hubiera podido me hubiera cambiado por ella. El lunes fue más de lo mismo pero ahora le costaba trabajo respirar, hacía ese movimiento involuntario pero yo creo que ella ya no era consciente de nada, eso sí la manita me la apretaba. El martes le costaba aún más respirar, mi padre, mi hermana y yo nos mirábamos porque veíamos a mi “omaita” morir… no podía respirar, no podía vivir, ella estaba luchando contra un imposible. Le pedimos los tres que dejara de luchar que descansara tranquila y en paz, y eso hizo, ese martes 19 de agosto de 2014, negro para mi familia para la posteridad. Se nos fue la alegría de la casa, la madre que todo hijo desearía tener, la alegría de nuestras vidas, la mejor persona que jamás he conocido, MI MADRE. MALDITA ENFERMEDAD.
Ahora, emocionalmente destrozado, tengo que mirar por mi padre que está destrozado. Mis padres tienen 54 años y son lo mejor de mi vida, han vivido durante más de 35 años mucho más que matrimonios de toda la vida y con eso se tienen que quedar, con ese vínculo emocional tan fuerte que aunque físicamente no estén juntos, siempre lo estarán psíquicamente.
Por respeto a ella, a mi padre, a mis abuelos, a mi hermana, a mi novia y a la gente que me quiere y ha dedicado tiempo de su vida a que yo sea lo que soy actualmente, tengo que seguir hacia delante, siendo una persona competitiva y luchadora que siempre llevará en el corazón a mi “omaita”.
Hace 4 años

Gran, siento mucho lo que te ha tocado vivir. Ahora tu mami descansa y siempre te acompañará, ahora todo es reciente y duele mucho pero poco a poco olvidarás los momentos malos y sonreirás recordándola.

Un abrazo

Hace 4 años

Hola Fran,

Bienvenido al club. Un testimonio realmente estremecedor y duro como la vida misma. No es nada fácil reponerse de una perdida tan cercana y valiosa. Bajo mi humilde opinión, una persona desaparece totalmente de nuestras vidas, cuando la olvidamos por completo, y cómo tú bien dices : siempre la puedes llevar en el corazón.

El Corazón, es el órgano que impulsa nuestras vidas, también les da sentido a nuestras vidas, el valor de una persona, está en su corazón, y las decisiones más importantes se toman con el corazón; con un gran corazón se pueden hacer grandes cosas en está vida, y cuantas más personas estén dentro de tú corazón, mejor persona serás, y ahora todos vosotros sois muchísimos más grandes, porque vuestra madre está dentro de vuestros corazones.

Con la mejor de las suertes en vuestra recuperación¡Un fuerte abrazo Fran! y muchos ánimos, para ti y tu familia.

Nunca no puedo! Quien resiste gana. No importan como comienzan las cosas, sino como terminan.

lllhuysilll@gmail.com

Hace 4 años

Fran, lo siento. Ella ya descansa tranquilita, ahora os toca, poquito a poco, recomponer vuestras vidas, dejar atrás estos malos momentos, y recordar con una sonrisa todas las cosas buenas vividas con ella. Un abrazo.

Hace 4 años

Hola Fran, me estremezco al leer tu testimonio, que es a la vez un sentido y merecido homenaje a esa gran luchadora que fué tu madre, valiente, alegre, fuerte, generosa... y tantas y tantas cosas más... Ya no la veis, pero seguro que la seguís sintiendo, y eso, pasado el duelo inicial, el dolor lacerante que sentís en estos momentos, será lo que os reconforte más adelante, saber que sigue a vuestro lado guiando y cuidando de cada uno de vosotros. Lamento profundamente vuestra pérdida, y sólo puedo desearos que el tiempo vaya mitigando el insoportable dolor que sentís ahora y se vaya convirtiendo en el recuerdo que os devuelva la paz y el sosiego que necesitáis en vuestras vidas. Un abrazo enorme para todos vosotros y por supuesto mucho ánimo para seguir adelante!! Gracias por tu testimonio.

Hace 4 años

Un abrazo fran! Sin palabras para la gran luchadora.