Mi vida era perfecta

Hace 9 meses

Mi vida era perfecta, como la de una niña de 11años: con mis sueños, mis amigos...poco a poco despertaba de ese mundo de los sueños en el que todo parece de color rosa y me iba adentrando en el mundo de los adultos, poco a poco, sin ningún problema, pues ese es el destino de todos.
Lo único a lo que no me acostumbraba era a esa separación constante de mi padre; parecía un extraño, sólo 2 días a la semana, los cuales se reducían a las comidas y cenas, todo el trabajo lo hacía mi madre, era el eje alrededor del cual giraba toda mi vida, ella era el orden, pero.......
Mi vida era perfecta. Un día de verano, después de un día de diversión en un parque de atracciones, una llamada lo cambió todo: „nada importante“ -nos dijeron, ¡ojala hubiera sido verdad!. Mi madre había tenido un problema, nada serio. Pero al cabo de un tiempo sí que fué serio.
Algo dentro de ella fallaba, no sé la razón, pero por mucho que pienso no sé el porqué de esa enfermedad en mi madre, el porqué de ese sufrimiento a una persona tan felíz como era ella: siempre sonriente, dispuesta a hacer todo lo posible por cualquiera; lo malo fué cuando ya nadie pudo hacer algo por ella.
Dos operaciones, tratamientos, inyecciones...su estado mejoraba para decaer más tarde. Poco a poco esa sonrisa se hizo forzada, pero yo no sentía que al darme la vuelta esa sonrisa se borraba para volverse en gesto de dolor (qué bien actuaba!).
Aún así todo seguía siendo perfecto, pues ella se curaría y algún día volveríamos a irnos todos de viaje como ella nos prometió.
Los adultos suelen ser algo estupidos de vez en cuando, me hubiera gustado que me hubieran dicho la verdad ya que eso lo habría hecho todo menos repentino, y yo habría esperado ese final a mi vida perfecta con esa segunda llamada.
Al cabo de un año, después de otras vacaciones, otra noticia cambió nuestra vida: Olárizu.
Hacia 4 años yo había deseado con muchas ganas tener un hermanito, y lo tuve, era un juguete para alguien de 8 años; y ahora con 12, otra hermanita, una gran alegría, pero no para ella, tenía que tomar una decisión: ella ó la otra personita. Ella viviría un poco más, pero esa personita era carne de su carne, y no iba a tener la posibilidad de conocernos a nosotros ni a ese mundo del que ella se despedía, el cual se derrumba a mi alrededor con el paso de los días. La „venida „ era la „despedida“. Sí puedo entender el porqué de la decisión, aunque fuese condenarse a una muerte segura: cedió lo poco de su existencia a su Olárizu. Desgraciadamente esta fué „su“ realidad.
Tengo que decir que me decepcioné al saber que iba a ser una niña, pero aún asi seguía siendo un juguetito para todos, menos para ella y esos adultos que comprendían la situación y callaban sin piedad, llenando de sueños y esperanzas la cabeza de una niña de 12 años, ( cada vez que lo pienso me da mucha rabia, me siento engañada, ya que podría haber estado más tiempo con ella, hablar más con ella, y podría haber comprendido ese mal humor que solía tener).
Mi vida era perfecta; aquel viaje lo fué: Galicia fria y triste me anunciaba mi futuro no muy lejano, La Toja, Vigo...fueron testigos de unos de los últimos y mejores momentos de mi vida perfecta, los recuerdo con mucho cariño, y con envidia de la niña inocente que era.
Mi vida era perfecta y los problemas la derrumbaban; otra operación era urgente y se forzó su venida; no puedo explicar lo que sentí al verla, tan pequeña, tan diferente de nosotros: rubia, ojos azules...era un ángel; pero también tuvo problemas, quizas por la quimioterapia a la que fué sometida sin saber de su embarazo.
Nunca olvidaré cuando, esperando ver a esa hermanita ya en casa, la ví llorar; la niña no tenía nada serio pero ella se echaba la culpa, y eso le hacía sentir mal. La había dejado sola.
Pero esto pasó, ella fué intervenida de nuevo, pero ya sin remedio. Como última solución se fué a Alcañices, se puso en manos de un curandero y mejoró su aspecto; ¡vaya si mejoró!.
Es inolvidable el día que fuimos a visitarla, hacía mucho calor y yo la veía más guapa que nunca; por primera vez dí gracias a Dios pues pensé que se estaba curando (inocente de mi!). Pero su cancer estada tan avanzado que era imposible no darse cuenta de su estado: su anemia, los pies frios, el estomago abultado, los medicamentos y los dolores de espalda que ya ni mis manos conseguian calmar, (algo que antes nos hizo pasar buenos ratos: por ejemplo cuando le decía a Miguelín que se pusiese de pies en su espalda ya que decía que le calmaba, y nosotros lo veíamos como un juego).
Aún así yo seguía siendo muy felíz, el verano llegaba en 2 semanas y ella se iba a curar.
Ahora que lo pienso no quiero ni imaginarme cómo se sentiría: sin sus hijos pequeños, ni su marido, engañándonos con esa sonrisa cada vez más forzada y haciendo planes imposibles. Su imposibilidad me desmoronó.
Mi vida ya no era perfecta, ella estaba en el hospital, pues aquel fín de semana ya nada podíamos hacer por ella. El domingo tan alegre para mi y triste para ella.
Esperaba verla como siempre, pero la encontré en una habitación fria con su sonrisa forzada de siempre y sus manos frias. Era una situación incómoda, y yo como inocente que era pensaba en la juerga que me esperaba al volver a la comunión. No me acuerdo de la conversación, pero lo recuerdo como algo triste, gris, un aviso de su fín; aún asi ella seguía haciendo planes para la semana siguiente, ( me causa dolor ese cinismo cada vez que lo pienso).
Y llegó la despedida, un beso, la última mirada de sus ojos en vida, y también la última palabra . La puerta se cerró tras de mi, dí la espalda a la persona más querida de mi vida, a mi „amatxu“, a la amiga con la cual tuve una relación especial esos 2 últimos años. Ella era mi vida perfecta, ella la hacía posible; al faltar ese eje, se partió, dejando a mis hermanos al otro extremo, esa distancia apareció y hoy en día es díficil de acortar.
Mi mente no aceptaba que eso podría haber pasado.
Un martes nublado otra llamada cambió mi vida por completo, se suele decir que a la tercera va la vencida y asi fué lo que pasó.
„Ama está grave“-me dijeron, recogí todo y la noticia no se hizo esperar, su muerte; todo ese sufrimiento había llegado a su fín. En ese momento toda mi vida pasó por mi mente, los últimos momentos a su lado; sentí que me helaba y me moría de calor a la vez. Rompí a llorar apoyada contra la pared y poco a poco me dejé caer en el suelo, había perdido las fuerzas y no pude tenerme en pie. Intenté pensar que lo que acababa de escuchar era mentira, que era broma, pero no; era el final de algo muy hermoso y el comienzo de una pesadilla de la cual escribiré otro día.
Pensé en mis hermanos, en lo que harían, en lo que pasaría, analicé todo desde diferentes puntos de vista y no encontré ninguna solución sin ella, ella se había estado ocupando de todo!.
Desde aquel día tengo un sentimiento de vacio constante, la preocupación de que mis hermanos me echen en cara el no haber vivido con ellos; la esperanza de volver a verla en algo que no sean sueños que me desesperan, verla al llegar a casa del colegio.
(Febrero 1.994)