Miedos. Todos tenemos miedos, aunque lo bueno de esta vida es que nadie nos pregunta cuáles son los nuestros

Hace 6 meses

¿Soy sincera? Tengo miedo... Tengo miedo de que las cosas se queden tal y como están; me gustan los cambios, me encantan las sorpresas y las cosas impredecibles. Tengo miedo de que nunca pueda sacar un recuerdo de mi mente. Tengo miedo de pensar que algo puede llegar a ser perfecto, porque cuando volvamos a la realidad, todo nos va a doler más. Por eso tengo miedo; no quiero dejar de ser lo que soy, ni de hacer lo que hago y no quiero que nadie me aparte de mi mundo, quiero seguir viendo las cosas como las veo, y quiero seguir pensando que todo tiene solución, que las cosas cambian tan rápido como queremos.
La preocupación es una pérdida de tiempo. No cambia nada, simplemente se mete con tu mente y te roba la felicidad. Te sorprende hasta qué punto puede ser rara y difícil esa delicadísima y mágica armonía en la que tu mundo parece sonar de repente de la manera adecuada. Son instantes. Instantes que deberían vivirse en profundidad porque son inusuales, fantásticos, mágicos. Y porque en ocasiones pueden desaparecer de repente sin que haya un verdadero motivo.
No duermas para descansar, duerme para soñar. Porque los sueños están hechos para cumplirse. Si quieres algo, ve a por ello. ¿A qué estás esperando? Dicen que las oportunidades están a la vuelta de la esquina. Mentira. La vida, en realidad, es una calle de sentido único. Las oportunidades, esos instantes que nunca esperas que se te aparezcan, que siempre piensas que les puede pasar a los demás, peo al final, te acabas dando cuenta de que a ti también te pueden suceder.
No se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. Y que sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar. Pero al final es mejor SONREÍR, soltar una carcajada, sentir dentro de ti una felicidad, que, aunque dure poco, valdrá la pena
¿Por qué repetir los errores pasados, habiendo tantos errores nuevos por cometer?