Una pequeña parte de mi Historia, hablo del retroceso. Largo pero interesante.

Para los miembros de la anterior web de la aecc, recordad que, vuestros testimonios están intactos y podéis volver a participar como antes Para entrar, tendrás que resetear tu contraseña  y ya podrás acceder con tu email y contraseña. En caso que tengas problemas por favor escribe a: web@aecc.es

Hace 4 meses

Profile picture for user ferrera1
ferrera1
Retroceso
Antes de empezar a leer sepan que esta es una parte de mi historia, de lo vivido hace tres años, del efecto que tuvo el cáncer en mi vida. Lo explico de un modo sarcástico y siempre a pesar de que pueda ser un relato un poco doloroso y dramático, intento reírme (a mi manera) de esta experiencia.

¿Has tenido un retroceso? Así empezó el principio del que hubiera sido mi final.

Una vez se pone nombre al cáncer que reside en mi cabeza, me envían con celeridad al 12 de Octubre en Madrid. Cuando llegamos después de varias horas perdidos y desesperados por el hospital encontramos mi habitación donde debía establecerme. Había empeorado bastante desde que me operaron por primera vez en Carlos Haya hospital de Málaga donde milagrosamente no había equipo quirúrgico ya que era viernes (Lo contaré en otro relato).
Compartía habitación con un buen hombre que tenía por afición vaciar el tubo de Rexona sobre sí mismo sin darse una ducha, cosa que me importaba poco. Bueno no,, me desagradaba mucho, pero era una persona amable, y no es que estuviera en una suite en Ibiza así que sólo mordí mi labio y seguí adelante.
El objetivo de la urgencia en llevarme a Madrid era que el cáncer se podía operar. El Dr. Cortes llama a mi madre diciendo: -hay buenas noticias, es operable.-. Una persona erudita sobre temas cancerosos podría entender que operar es la mejor noticia que un enfermo puede escuchar. Es como si dijéramos De lo contrario para el resto de los humanos que te digan con una sonrisa, puede quizás, dar un gusto amargo en la boca. Así que sabiendo que tenía una oportunidad me llevaron de urgencias al Hospital 12 de octubre.
En el momento que nos instalamos, lo primero que hace mi madre Lourdes, es preguntar cuáles serían los siguientes pasos, a lo que le responden que la operación se produciría en 15 días debido a la extensa cola de los quirófanos. Daba igual que me pueda ocurrir, simplemente no hay lugar y las personas tienen tanto derecho por la vida que yo. No me preocupó esperar, solo el destino era mi responsable no el hospital. Más allá de la preocupación decidimos esperar.

Al segundo día, después de que nos hayamos acostumbrado al agradable hedor. Uno de los tres médicos que me iban a operar entra en la zona media que separaba a mi compañero de mí. Con mi familia a mi alrededor sobre la cama y de pie. El Dr.Paredes Saca un par de hojas de una carpeta. Nos observa a todos uno por uno con una mirada de pocos amigos y termina prestándome atención sólo a mí. Me comenta que: -el cáncer era un meduloblastoma infantil (no les pongo mayúsculas ni a cáncer ni al tipo de este.) es operable, se encuentra en la parte inferior media del cerebelo, mide 10*5*5 y dado su extenso tamaño linda con el tronco raquídeo.- Dice. En resumidas cuentas: Pros: ninguno Contras: todos los que puedas imaginar. Las hojas que había sacado era la extensa lista de los efectos colaterales que podía tener. Con solo echarle una pequeña ojeada decía que tenía un 80% de posibilidad que me ocurriera un ictus, podía quedarme vegetal, podía, podía, podía Pensé y dejé de leer volví a fijarme en sus ojos. Siguiente: -el cáncer es muy agresivo así que nosotros seremos agresivos,- asentí,- pero hay un detalle que deberías tener en cuenta y dar tu consentimiento. Por la zona en que se encuentra el tumor hay una nueva forma de extracción donde en toda la operación deberías estar sentado a lo que se le suma estos posibles efectos colaterales. Saca otra hoja rellena de palabras desalentadoras.
No me lo pensé dije:
– ¿Que es mejor para ustedes? -Que estés sentado.-dijeron-. -Pues a por todas. Dije cerrando los ojos.
Por último y antes de irse me preguntó –¿Has tenido un retroceso?
No tenía ni la menor idea de que significaba tener un retroceso. Obviamente la palabra misma lo indicaba, pero ¿hasta qué punto hablaba ese hombre? dijimos mi familia y al unisono.
Si soy franco, hubiera deseado jamás aprender nada en lo que a se refería pero a la mañana siguiente como la llegada de un tren exprés a su destino, la muralla del retroceso cayó sobre mi espalda, abrupta y violentamente sin piedad. Esa mañana al despertar algo había cambiado. Las cosas no estaba en su lugar, las cosas no estaban en ningún lado sino en todos. El mareo se intensifico de una forma desmesurada. Mi cuerpo no respondía a mis indicaciones, las manos me temblaban. Sentía los latidos del corazón en todas mis extremidades. Recuerdo cómo las paredes se doblegaban, no podía apoyarme en ellas. Perdí parte del sentido de la vista y el oído.

Los días pasaron y el problema fue empeorando con inmensa rapidez. Primero fue lo físico, empecé hora tras hora a volverme un vegetal, mis piernas fallaban, no podía hablar, apenas veía bien y no era capaz de alimentarme por mí mismo. Pero ahí no acabó la pesadilla…
. Creía que sabía lo que era el sentimiento de no tener liberta, pero obviamente estaba muy equivocado. Creo que esta sensación no la viviréis nunca, ni aunque estéis encerrados en un calabozo. No me había robado mi libertad, la había hecho desaparecer, no existía como tal y como tal no era parte de mi alma. No sé cómo explicar cómo me había destruido la personalidad y el alma. Era sin lugar a dudas peor que un muerto viviente . La luz que brindaba mi alma se había apagado. Sólo existía un cuerpo vital. Nunca encontraré las palabras que expliquen que sentí esos 14 días. Cuando digo que estuve muerto, no lo digo por haber estado en coma ni cerca de la muerte literal, lo digo porque yo tuve un Retroceso.

Retrocedamos 14 días, si yo la estaba pasando mal, no me gustaría ser testigo de cómo le roban el alma a mi hijo y verlo como en pocas horas su vida va marchitándose. La preocupación de mi madre ya era desmedida así que se vio en la obligación de revolucionar al hospital entero ya que su progenitor se le escapaba de las manos. Como resultado decidieron medicarme con 12 pastillas tres veces al día, 32 pastillas en total al día y si digo la verdad, creo que eran más. Las pastillas simplemente impedía el crecimiento del tumor. Eran tantas que recuerdo que cada vez que las tomaba solía decir . Ninguna de las pastillas tenían efectos psíquicos pero eran tantas que mi cerebro simplemente desaparecía una vez me hacían efecto.
Debo decir que tengo una familia formidable, incluida mi mujer Esther. Ya que en todo momento jamás dejaron caer lágrimas en frente mía, eso hubiera destrozado lo poco que quedaba en pie en mí. Se desahogaban al salir de mi habitación. Es algo que jamás espero tener que saldar la deuda ya que no estoy seguro de ser capaz. La peor parte sin duda se la llevó mi hermosa mujer que tenía la responsabilidad de bañarme y estar a mi lado todo el tiempo. Me arrepiento de haber estado tan enfermo. Lo siento de veras.
Volviendo al final esos 14 días llegamos al momento tan esperado. 8:15am después de haberme duchado con la ayuda de mi mujer, esperaba a que vinieran a buscarme y me llevaran en mi cama hasta el quirófano. Me despido de mi familia, con las cuencas enrojecidas sin dejar caer una lagrima en sus mejillas, incluida mi mujer, y por último a mi gran hermano menor Ignacio, el cual mientras me alejaba me dice -Es solo un trámite, solo un trámite. Una vez prosigo mi camino hacia mi destino, recuerdo a mi abuelo difunto y pienso
Me sentía especial, más allá que estaba bajo el suelo en lo que a gravedad corresponde, sentía una especie de , todas esas sensaciones de altruismo se vinieron abajo cuando entré en la sala pre operatoria. Todo ocurrió a cámara lenta, me llevaban del lado de atrás de la almohada así que tenía una panorámica completa delante de mis ojos; nueve personas tumbadas en sus respectivas camas esperando a que digan su nombre para iniciar sus historias personales.
Sabía que no era el único, sé de qué va este mundo y lo que he aprendido, es que es todo menos fácil. De todas formas el ver a tanta gente esperando, te da motivos de pensar que no eres el único. Cosa que creemos saber. Quizás ese momento me haya puesto un poco nervioso. O quizás no. Pasó el tiempo bastante rápido, mi nombre sonó rebotando en las cuatro paredes aumentando el volumen en cada choque.
-FELIPE ECHEVARRIA-.
pensé. Me llevaron a la siguiente sala donde se veían los aparatos de cirugía y de más artefactos. Siempre me ha gustado los quirófanos y no podía para de preguntar para que servía una y otra cosa, creo que me sedaron antes de lo previsto.
Empezó a contar el arenero del tiempo, con cada grano caído de arena, suponía una larga travesía en la espera de mi despertar. Mi familia estuvo las nueve horas que duró la operación, empotrados en sillas metálicas de hospital. Cada minuto que pasaba, licuaban una cantidad de sentimientos contradictorios. > Cada hora suponía otra pesada carga de dudas. Más o menos a cada media hora, salía un médico diciendo el nombre del paciente así su familia podía darle fin a la trance agónico de la espera. Al llegar las 5:00am, ya la tensión era estremecedora. El ambiente estaba congelado, no se hablaban, apenas podían mover los labios del cansancio que tenían. 7:00am. Un minuto después a las 7:01am empezaron a creer que había ocurrido algo malo. A mi madre la consolaban entro sollozos.
8:00a.m Despierto en una habitación enorme, eran como 4 cuartos habitaciones unidas a lo ancho, con su mini recepción en el centro y abierta, mucho espacio libre, el suelo de mármol y un frío estremecedor. Había médicos y enfermeros moviéndose de un lado a otro, no mucha gente. Aunque podía intuir que esa sala era muy parecida a la Uvi. Lo que vi normal: Una vez reconocido la habitación, tomo conciencia de que estoy presente en la misma, ocupando un espacio corpóreo. Estaba tumbado en una cama con cables que salían de mí por cada lado que miraba. Lo primero, ordené a mi cuerpo palpar mi nuca. Me habían comentado que si se les complicaba a los cirujanos llegar al tumor desde mi nuca, debería extraerme un hueso considerable de la misma zona. Así que una vez sentí que seguía teniendo nuca di un suspiro de alivio. Entonces comencé a caer en cuenta de que estaba vivo y no solo vivo. Algo había cambiado de nuevo. Algo no iba como antes. La sonrisa y las carcajadas que daba asustaron al personal. Nunca había sentido tanta felicidad.
La operación fue dividida en tres partes según el tiempo y por tres cirujanos. Dos de ellos vinieron a visitarme a los 10 minutos después de que despertara. –Cómo te sientes? –Me preguntan- -¿Cómo me voy a sentir? Soy yo de nuevo. Decía al tiempo que mi sonrisa tocaba cada oreja.
-Familia de Echevarria.
Llamaron y todos en expectativa. A lo que mi madre pregunta susurrante: - ¿Se ha despertado? - ¿Despertado? Despierto, riéndose y hablando por los codos.
La agonica espera se acabó.
Permanecí en esa habitación unas 8 horas si mal recuerdo, o fueron 12, no recuerdo. El caso es que a la media hora de haber despertado mi madre y mujer vinieron a visitarme, se les veía cansadas, con los ojos hinchados y rojos, se notaban muy claramente unas ojeras vastas; pero las dos con una sonrisa que solo podría igualarse a la mía. Les pregunté si se podían quedar, la respuesta fue rotunda –No.- Debía descansar y permanecer en cuarentena por las dudas surgía algún problema, estar cerca de un sala de reanimación. Una enfermera paso por mi lado y me dijo –Descansa > Estaba eufórico. Allí me quedé sentado las doce, ocho o las horas que fueran con los ojos abiertos como dos monedas.
AL reencontrarme con mi familia, la habitación irradiaba felicidad. Estábamos tan contentos. Sentía tanta emoción. Había vuelto mi fuerza, un poco de mi voz, mi cabeza estaba limpia de pensamientos impuros, de dolor, de presión. Mis manos no temblaban, pero la vez que realmente aprecié que todo iba a salir bien, fue cuando al día siguiente fui con ayudada de mi mujer a bañarme. Una vez en el baño mientras mi mujer ponía la temperatura del agua yo tuve que espera sosteniendo mi cuerpo con el brazo contra la pared… la pared no se movía, estaba firme, rígida como debe. Ya no se doblegaba, no me lo podía creer, eso también se ha ido… Esa fue la primera vez que cayó una lágrima por mi mejilla.
Con todas esas gratas sensaciones supuse que lo que seguiría sería pan comido, iluso de mí, no tenía ni idea de que ese episodio apenas estaba incluido en el inicio de la historia de mi interminable lucha.