SURVIVORS.

Hace 10 meses

Aquí os dejo mi última entrada de blog, dedicada a mi sorprendente y gratificante trabajo. Os dejo el enlace, pero también el texto, porque quiero compartirlo con todos vosotros. Vaya por delante, que esta enfermedad, no sólo me toca en el ámbito laboral, pues hace 12 años se llevó a mi abuelo paterno, hace 8 la sufrió mi abuela materna y hace 7, mi madre, aunque ellas, por suerte, se salvaron. Espero que os guste.
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A veces me engaño a mí misma pensando que nada ha cambiado, pero en realidad sé que todo ha cambiado y ahora tengo una prioridad mucho más reforzada: sobrevivir.
Hasta hace cosa de un mes, mi meta era vivir cada segundo que tuviese por delante y aprender de ello; desde una carcajada hasta una lágrima. Todo formaba parte de estar -todavía- viva y ello conllevaba un aprendizaje constante. Sigo pensando lo mismo, pero desde otro punto de vista.
De pronto la vida me cambió y de repente y sin mucho tiempo para masticarlo y digerirlo, me vi paliando la agonía de enfermos, en muchos casos, terminales de cáncer. No todos, no todos. Pero sí bastantes. Los suficientes para observar, analizar, y ejecutar, desde mi más interna consciencia, algo más que el frío trabajo de un hospital. Al principio eran números, es inevitable, ni siquiera sabía dónde estaba situada cada habitación. Al principio eran el 125, la 115, el 106, pero poco a poco fueron siendo Isabel, Soledad o Antonio, y eso ya te hablanda o te endurece más, como tú prefieras. Yo creo que un poco de ambas. Confieso que hasta ayer, no había llorado delante de nadie, pero a veces el llanto no avisa y una simple conversación, una palabra de agradecimiento, un abrazo y una historia detrás fuera de una mascarilla de oxígeno conectada a la luz y al pulmón, te acerca a algo que nos concierne a todos y que nos introduce en un bombo del que agradece que no haya salido tu nombre de él. Y ahí es donde comienza la supervivencia. Entre las mil maneras de morir, sin duda, esta es una de las peores, por su lentitud, por el sufrimiento que arrastra y deja, tanto en el ser humano que lo porta, como en aquellos que le quieren y que compartieron tantos ratos a su lado. Cuando un día fuiste una persona sana y ahora te ves a la merced de un tóxico que tu cuerpo ya no acepta, porque dentro tienes un veneno mucho más letal. Se dejan llevar. Muchos en sus miradas aceptan su final y lo anhelan cuanto antes.
Me gusta mirarles a los ojos, creo que es algo que me hace sentir mortal. Me gusta hacerles reír, eso es algo que me llevo en mi kit de vivencias aprendidas. Me gusta acariciarles la cara, es algo que me sensibiliza por dentro. Y me gusta hablarles, aunque estén dormidos o sedados o soñando con una vida mejor de la que les ha tocado; porque, como bien me dijo una queridísima profesora, el oído es lo último que se pierde y quiero creer, que si algún día me pasa a mí, alguien lo hará también.
Y así es como cada día aprendo a sobrevivir, y aunque llevo años dedicándome a la sanidad, jamás había estado tan cerca del corazón, jamás había sentido en mis manos el calor y el frío que nos diferencia de aquí y de allá. Nada tan duro, como gratificante. Sólo les pido desde dentro, que sigan luchando, porque cada carcajada y cada lágrima, recordad, es la invisible cadena que nos sigue atando a la vida y si eso es lo último que os vais a llevar, que vaya por delante que por mi parte, intentaré con todas mis fuerzas que sea lo más auténtico posible. No hablaremos de injusticias, hablaremos de realidades. También de supervivencia.
Hace 10 meses

Hola Caroline,

A mí me parece un trabajo muy bonito, muy humano y duro según se mire, porque esto es la vida que no nos entra en la cabeza. Pienso además que no es ni más ni menos duro que cualquier otra pérdida, un accidente de tráfico, otra enfermedad, que las hay rarísimas y nada buenas... En fin.....

No estamos preparados para irnos y mucho menos para perder a seres fundamentales y necesarios en nuestra vida. Yo tampoco lo estoy que conste, aunque intento llegar a ello pero es muy difícil.

Haces un trabajo maravilloso, ójala no pierdas nunca ese amor por la profesión y por las personas.

Un fuerte abrazo.