¿Cómo te podemos ayudar?

Riesgos asociados

 

Cada fumador pierde una media de 10 años de vida. La mitad de los fumadores morirán por culpa del tabaco.

 

El tabaco es responsable del 30% de todas las muertes por cáncer. Dejar de fumar está considerada la mejor medida preventiva del cáncer.

Riesgos:

  • Si consumes el cigarrillo hasta el final, la cantidad de sustancias dañinas es más elevada. Según se va consumiendo el cigarrillo, la nicotina y los alquitranes se acumulan en la zona más cercana al filtro.
  • El daño es mayor si tienes alguna enfermedad del aparato respiratorio, como bronquitis o enfisema. 
  • Aunque no fumes, los componentes del humo del tabaco en el aire ambiental suponen un riesgo para quien lo respira. Si esta situación se mantiene en el tiempo hablamos del fumador involuntario.
  • Miles de estudios ponen de manifiesto que el consumo del tabaco determina la aparición de enfermedades como:

 

Y además resulta especialmente importante en:


Volver a No fumes

 

 

Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) 

 

El tabaco es la causa más frecuente de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), término que abarca patologías como la bronquitis crónica y el enfisema pulmonar. Las sustancias del humo del tabaco que más intervienen en la aparición de estas enfermedades son las sustancias irritantes.

 

 

Bronquitis crónica 

 

En el caso de la bronquitis crónica las sustancias irritantes actúan sobre las células mucosas (productoras de moco), provocando una excesiva producción de moco, que poco a poco va dificultando la respiración. También se afectan las células ciliadas (caracterizadas por tener una especie de filamentos o pestañas que están en continuo movimiento, y cuya misión es movilizar el moco y las pequeñas partículas que puedan entrar a los pulmones a través de la respiración), provocando una parálisis y posterior muerte de los filamentos, dificultándose cada vez más la expulsión de moco. 

Además se produce inflamación de la mucosa bronquial y alveolar causando destrucción del epitelio ciliar, fibrosis y metaplasia escamosa (cambio de las células normales de los bronquios y alveolos por células escamosas) incrementando el riesgo de una obstrucción local irreversible.

Con el paso del tiempo la patología bronquial se va haciendo progresivamente más importante, de manera que cada vez se necesita un menor esfuerzo para que el fumador presente fatiga y asfixia. 

La bronquitis crónica se caracteriza por tos con expectoración al menos tres meses al año durante más de dos años consecutivos.

 

 

Enfisema pulmonar 

 

Se produce por la afectación irreversible de las paredes de los alvéolos (parte final de los bronquios donde se produce el intercambio de gases -oxígeno y monóxido de carbono- en la respiración). 

Las paredes de los alveolos se van engrosando, luego pierden elasticidad y por último se destruyen, de manera que las personas con enfisema pulmonar pierden la capacidad de realizar los movimientos respiratorios. La pequeña cantidad de aire que pueden aspirar lo consiguen por los movimientos del diafragma (músculo que separa la cavidad abdominal de la torácica). 

El enfisema pulmonar es una enfermedad muy invalidante, de manera que los enfermos que la padecen presentan incapacidad para desarrollar cualquier tipo de actividad, teniendo que llevar, en la mayoría de las ocasiones, una vida de reposo casi absoluto. 

El tabaco también se relaciona con un incremento del número y agudeza de las crisis de asma.

 

 

Enfermedades cardiovasculares 

 

El tabaquismo es un factor de riesgo importante de las enfermedades coronarias, de las enfermedades cerebrovasculares y de las enfermedades vasculares periféricas. Es decir que afectan a las arterias del corazón, cerebro y extremidades respectivamente.

 

La nicotina y el monóxido de carbono son los componentes del tabaco que más influyen en la aparición de estas enfermedades, complementándose los efectos producidos por ambas sustancias. 

La nicotina se absorbe fundamentalmente a nivel pulmonar y pasa a la circulación sanguínea de forma inmediata provocando vasoconstricción arterial (disminución del calibre de las arterias), hipertensión arterial (aumento de la tensión arterial), taquicardia (aumento de la frecuencia cardíaca), y arritmias (latidos irregulares del corazón). 

El monóxido de carbono (CO) pasa a sangre tras absorberse en los pulmones donde se une a la hemoglobina (partícula que transporta el oxígeno a las diferentes partes del cuerpo) de los glóbulos rojos, provocando la hipoxia (falta de oxigenación) de tejidos y órganos. Cuando la hipoxia se produce en la pared de las arterias, se favorece la formación de depósitos de grasa formando placas de ateroma, y a nivel del corazón todo esto se traduce en la aparición de angina de pecho e infarto de miocardio. 

La hipoxia sanguínea, unida al estrechamiento de las arterias por vasoconstricción y / o la existencia de placas de ateroma, producen una disminución de la irrigación del músculo cardiaco (con el consiguiente falta de oxigenación), provocando dolor opresivo en el pecho y dificultad para respirar, características de la angina de pecho. Cuando la obstrucción de las arterias coronarias es total, se produce el infarto de miocardio, es decir la muerte de las células de una zona del músculo cardiaco. 

Los efectos perjudiciales a nivel cardiovascular en las personas fumadoras se agudizan cuando realizan un esfuerzo físico, ya que es fácil que se produzca una situación límite en las arterias coronarias y que se produzca la muerte súbita del fumador. 

El riesgo de padecer alteraciones cardiovasculares tras abandonar el hábito tabáquico se reduce hasta el 50% en el primer año y se iguala con el riesgo de los no fumadores al cabo de 10-12 años.