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Control de síntomas

Los enfermos oncológicos presentan a lo largo del tiempo un número variable de síntomas, de distinta intensidad y de origen multifactorial.

Para poder controlarlos de la mejor forma es necesario determinar la causa del síntoma y valorar las posibles formas de tratarlo, siempre buscando el máximo beneficio y confort para el paciente y la familia. El tratamiento debe ser eficaz, de fácil administración y pauta sencilla, siendo además necesario un seguimiento riguroso de la respuesta, para evaluar los cambios precisos a lo largo de la evolución del paciente.

Es necesario que tanto enfermos como familiares sepan que existen tratamientos capaces de controlar la mayoría de los síntomas. Y por tanto deben informar a sus médicos de cualquier molestia, o cambio en los problemas del enfermo, para que sean controlados de la mejor forma posible.

Vamos a valorar los síntomas más frecuentes cuando la enfermedad va avanzando, y te indicaremos las pautas y recomendaciones más adecuadas para minimizarlos o controlarlos.

 

El dolor es uno de los síntomas más frecuentes en los pacientes con enfermedad avanzada.

Los pacientes pueden presentar dolor debido a su enfermedad (infiltración tumoral, lesiones nerviosas); como consecuencia de algunos tratamientos (cirugía, quimioterapia, técnicas diagnósticas), o relacionados con su situación de inmovilidad y debilidad general (dolores óseos, úlceras, herpes zóster, etc.). No hay que olvidar otras posibles causas de dolor no directamente relacionadas con la enfermedad del paciente (artrosis, etc.).

Hay que hacer caso al paciente que tiene dolor, no infravalorarlo. También es importante recordar que cada persona presenta una sensibilidad o umbral del dolor diferente.

Debido a todo esto y según las múltiples causas de este síntoma, el tratamiento analgésico debe basarse de forma muy importante en los cuidados integrales del paciente. Pero no se puede prescindir de las medidas de apoyo psicosocial, de los cuidados familiares y del afecto, la escucha y comunicación, que son parte imprescindible de esta terapia.

Es necesario evaluar con precisión el dolor del paciente, que debe explicar a los profesionales cuándo (todo el día, de forma puntual) y cuánto (realizar medición de intensidad) le duele; cómo siente ese dolor (como una puñalada, presión, sensación de quemazón), y si nota que aparece relacionado con algo (si hay alguna causa aparente o síntomas añadidos). Todo esto es esencial para poder individualizar el tratamiento.

Tratar el insomnio: un enfermo que no duerme es más sensible al dolor y esto impedirá de nuevo dormir. Hay que romper este círculo vicioso. Para esto son importantes los cuidados al paciente, sobre todo los relacionados con el sueño y descanso. Y si es preciso, podéis solicitar al equipo sanitario un fármaco que ayude al paciente a descansar.

En general, el enfermo necesitará analgésicos periódicamente para minimizar el dolor de base o crónico. Y con frecuencia se necesitan también otras terapias para controlar dolores que aparecen repentinamente, de forma ocasional, a veces relacionados con situaciones cotidianas (al movilizarse, tras la comida, con la tos…).

Si precisaras más información puedes consultar el documento sobre el dolor que ponemos a tu disposición, y por supuesto, habla con tu médico. (más información

 

Hablamos de astenia cuando aparece cansancio ante mínimos esfuerzos, sensación de debilidad física, con disminución de la capacidad de realizar las actividades cotidianas, no sólo a nivel físico, sino funciones intelectuales (concentración, memoria…).

Son muchas las causas que la van a producir (el cáncer, anemia, infecciones,…) además de tener un componente subjetivo individual muy variable e importante.

    • Lo primero es identificar la causa y tratarla si es posible (por ejemplo, una infección).
    • Hay que tener en cuenta que el ejercicio físico moderado puede ayudar a mejorar esta situación en algunos pacientes.
    • Por todo lo anterior, es muy importante mantener los cuidados generales del paciente, sobre todo en lo relacionado con el reposo y descanso. Igualmente a veces hay que realizar apoyo psicosocial. Los tratamientos farmacológicos no suelen ser muy útiles en la mayor parte de los pacientes. Consultad con el médico para valorar esta posibilidad.

 

El cansancio suele ser un síntoma que se va acentuando, y hay que conseguir modificar la capacidad de autonomía del paciente de forma progresiva. Pide ayuda a los profesionales que le atienden para que la adaptación sea lo menos dolorosa posible.

 

La anorexia consiste en la falta de apetito. La caquexia es un cuadro de adelgazamiento y pérdida de peso intensa que puede asociarse a la astenia y anorexia, sobre todo en la fase final de la vida de la persona en cuidados paliativos.

Cuando un paciente es incapaz de alimentarse e hidratarse como lo hacía antes de la enfermedad se genera, tanto en él como en su familia, un estado de angustia y malestar.

Se cree que si no se alimenta adecuadamente el paciente no tendrá fuerzas para luchar contra la enfermedad. Pero esto no es así. El paciente terminal no necesita la misma cantidad de alimento que una persona sana, ya que tanto su actividad como sus necesidades se han reducido considerablemente. Y sus síntomas se deben al progreso de la enfermedad. Debemos intentar que la comida sea un acto placentero y que disminuya la angustia de los que le rodeáis.

Para que el tratamiento sea eficaz hay que controlar las causas que lo provocan, si es posible, como: el estreñimiento, las lesiones de la boca, la ansiedad, la depresión y otras.

Para esto se deben llevar a cabo, ante todo, los cuidados generales que requiere todo paciente con enfermedad avanzada y las medidas dietéticas necesarias en su situación (pautas de nutrición e hidratación, y control de evacuación).

Además de tener en cuenta las medidas generales, el médico puede prescribir en ocasiones fármacos o medidas específicas que puedan ayudar a aliviar la angustia de esta situación. Consultad con el equipo cualquier duda sobre el tema.

 

La mayoría de los enfermos en la fase más avanzada de la enfermedad van a presentar algunas alteraciones del aparato digestivo.

Para intentar controlarlas de la mejor forma, es importante saber la causa: si es por el propio tumor o pueden ser derivadas de los tratamientos.

Los síntomas más frecuentes son: boca seca (xerostomía), dificultad para tragar (disfagia), náuseas y vómitos y/o estreñimiento.

Consultad con su médico cualquier duda sobre qué causa los síntomas. Es importante saberlo para aplicar la terapia adecuada.

A veces, además de las pautas dietéticas necesarias, pueden ser necesarios fármacos antieméticos (hacen desaparecer o disminuir las náuseas y los vómitos).

El estreñimiento en ocasiones es muy intenso, por lo que con frecuencia ya se han pautado tratamientos para prevenir esta alteración. Si a pesar de todo esto y con los cuidados generales el enfermo no hace deposiciones al menos cada 3 días, es posible que el equipo tenga que prescribir alguna otra medicación (laxantes, enemas).

 

Si necesitas información más detallada sobre alguno de estos aspectos, puedes consultar el apartado que hemos dedicado a cuidados generales del paciente.

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