¿Cómo te podemos ayudar?

¿Qué es la leucemia aguda?

Los leucocitos son las células blancas de la sangre. Su función principal es defendernos de las infecciones.

Hay tres tipos principales: polimorfonucleares, linfocitos y monocitos. Todos ellos se originan en la médula ósea a partir de una célula madre pluripotencial, que también es la responsable de producir los otros tipos de células sanguíneas: las células rojas (hematíes) y las plaquetas. Las células madre dan lugar a los diferentes tipos de células sanguíneas a través de un proceso de maduración que tiene lugar en gran parte en la médula ósea y que en algunos casos termina fuera de ella. 

Los linfocitos participan en la distinción entre lo que es propio y lo que es ajeno (inmunidad) y por ello nos defienden contra las infecciones. Hay varios tipos de linfocitos: los B, T y NK. Los linfocitos B se encargan de producir anticuerpos (inmunoglobulinas) y se encuentran tanto circulando en la sangre como en otros tejidos especializados (tejidos linfoides) como p.ej. los ganglios linfáticos.

 

Actualizado por el Dr. Fernando Ramos Ortega, Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH)

 

 
Las leucemias agudas son enfermedades malignas de la médula ósea que aparecen de una forma bastante brusca y se caracterizan por una proliferación de células muy inmaduras (“blastos”) que  se originan a partir de las células más jóvenes de la médula ósea, impiden su funcionamiento, y salen precozmente de ella para distribuirse a través de la sangre por todo el organismo.

 

Se diagnostican cada año unos 5 casos por cada 100.000 habitantes y su edad de presentación es muy variable, dependiendo el tipo de leucemia aguda. Aparecen en todas las edades de la vida, desde los recién nacidos hasta los ancianos y son un poco más frecuentes entre los varones. Son la primera causa de muerte por cáncer en los niños.

La célula tumoral predominante es el “blasto” que es una célula con una gran capacidad para crecer y multiplicarse y que se origina a partir de las células medulares más inmaduras. Todas las células se parecen una a otra “como gotas de agua“ en vez de ser todas ellas un poco diferentes y sustituyen la composición normal de la médula ósea, donde habitualmente se encuentran células de muy diferentes tipos. Ello se debe a que se han originado por mecanismos anormales a partir de la primera célula que enfermó (podríamos decir en lenguaje de la calle que son clónicas). Estas células crecen de un modo desordenado, como corresponde a su naturaleza cancerosa.

Las alteraciones del programa celular que controla el proceso (alteraciones genéticas) influyen en el comportamiento de la enfermedad y en la evolución de la persona enferma. Dichas variaciones afectan a resultados que tienen gran importancia para las decisiones sobre el tratamiento de la enfermedad y que se detectan mediante los denominados “estudios genéticos”.

En ocasiones, las células enfermas se esconden en lugares concretos fuera de la sangre y la médula ósea (testículo, sistema nervioso, piel, etc.) y es lo que se denomina afectación extramedular. Esta afectación es muy frecuente en algunos tipos de leucemia y con frecuencia obliga a adaptar el tratamiento para conseguir un buen control de la enfermedad. También puede aparecer de forma aislada, sin enfermedad detectable en la médula ósea o la sangre, a veces con motivo de una recaída (se trataría en ese caso de una “recaída extramedular”).

 

Actualizado por el Dr. Fernando Ramos Ortega, Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) 

Contenido relacionado