¿Qué es la leucemia mieloide aguda?

Las leucemias agudas, como la leucemia mieloide aguda, son enfermedades malignas que aparecen súbitamente en la médula osea. Se distinguen por el aumento de blastos (células inmaduras) que aparecen desde células más jóvenes de la médula ósea, obstaculizando su actividad y brotan prematuramente para repartirse a través del torrente sanguíneo por todo el cuerpo.

Los mieloblastos son las células afectadas en este tipo de enfermedad.
 

Incidencia

Se diagnostican cada año unos 15 casos por cada millón de habitantes en España. 

Es la leucemia más frecuente en el mundo occidental, y se presenta principalmente en varones de 60-75 años (según datos de la Fundación Josep Carreras). 
 

¿Cómo se origina?

La célula tumoral que más predomina es el blasto, estas células tienen la facultad para aumentar su tamaño y multiplicarse ya que se generan a partir de células medulares poco desarrolladas.

Todas estas células se parecen entre si, en lugar de ser diferentes y reemplazan la composición normal de la médula ósea, donde normalmente hay todo tipo de células. Esto es porque se forman con mecanismos anormales desde la primera célula que enfermó. Debido a su naturaleza cancerosa, las células crecen de manera desordenada.

Las alteraciones del programa celular que controla el proceso influyen en el comportamiento de la enfermedad y en la evolución de la persona enferma. Estos cambios afectan a resultados que tienen gran importancia para las decisiones sobre el tratamiento de la enfermedad. Se detectan mediante estudios genéticos.

A veces, las células enfermas se ocultan fuera de la sangre y la médula ósea, esto se conoce como afectación extramedular. Es muy habitual en algunos tipos de leucemia y a menudo fuerza a adaptar el tratamiento para lograr un buen control de la enfermedad.

También puede manifestarse de forma aislada, sin enfermedad detectable en la médula ósea o la sangre, a veces con motivo de una recaída (se trataría en ese caso de una “recaída extramedular”).
 

¿Puede prevenirse la leucemia mieloide aguda?

No hay forma de prevenir la leucemia mieloide aguda ya que no hay factores de riesgo conocidos.

Síntomas de la leucemia mieloide aguda

Los síntomas de la leucemia mieolide aguda son los siguientes:

Dolores óseos

Suele ser el primer síntoma que nota el paciente y el que motiva a acudir al médico para una revisión.

Aparición de hemorragias

La aparición de un fallo medular (alteración del funcionamiento de la médula ósea) hace que se manifiesten hemorragias.

Infecciones

 Las infecciones ocurren debido al descenso de la capacidad defensiva del cuerpo al bajar la cantidad de glóbulos blancos normales en la sangre.

Anemia

Manifestaciones de anemia, como los mareos, la fatiga, la palidez, etc...

Otras causas

A veces la leucemia presenta síntomas como: el aumento de tamaño de alguno de los testículos, dolores de cabeza constantes, dolores alrededor de las articulaciones...

¿Cómo detectar la Leucemia Mieloide Aguda?

Como en la Leucemia Linfática Aguda, se realiza un estudio de médula ósea que permite analizar las células medulares e identificar la presencia de blastos y determinar el tratamiento más adecuado. 

El estudio de médula ósea consiste en una punción en el esternón o en los huesos ilíacos (a veces en los niños también se recurre a la parte más alta de la tibia cerca de la rodilla), las células leucémicas se estudian al microscopio (“citología”), se analiza su aspecto de un modo más sofisticado (“citrometría de flujo”) y se analizan los fallos en el programa que controla el funcionamiento celular (“estudios genéticos”).

¿Cómo tratar la leucemia mieloide aguda?

El tratamiento siempre es la quimioterapia, sin embargo, la elección dependerá de muchos factores, entre ellos, el estadio de la enfermedad (síntomas, daños en los diferentes órganos…) y las características individuales de la persona enferma: edad, estado de salud y cambios en las funciones corporales (funcionalidad), enfermedades asociadas (comorbilidad), etcétera. 

Por ejemplo, en los mayores de 60 años puede ser mejor evaluar la situación particular antes de seleccionar tratamientos demasiado exigentes. Pero, por lo general, el tratamiento deberá iniciarse a la mayor brevedad porque son enfermedades con una supervivencia baja. 

En cuanto al trasplante de médula ósea, cabe destacar que no es nunca la primera línea de tratamiento, sino una forma de evitar las recaídas y aumentar las posibilidades de curación en algunos tipos de leucemias agudas.

Tipos de tratamientos

Actualmente, existen muchas alternativas terapéuticas muy variadas: desde medicamentos para eliminar las células que crecen muy rápido, medicamentos dirigidos a algunos puntos débiles que presentan las células leucémicas, radioterapia, productos para aumentar la producción de glóbulos normales , la inmunoterapia o la terapia celular. 

En este tipo de leucemia lo principal son los tratamientos de quimioterapia

No suele ser precisa la radioterapia. Los tratamientos como: inmunoterapia o terapias dirigidas están siendo estudiadas en la actualidad.

Otras terapias

El tratamiento de la leucemia mieloide aguda puede ser diferente en función de las características concretas del subtipo de leucemia, así como de las del propio paciente, pero todos van a cumplir unas características comunes: 

El objetivo terapéutico es conseguir la curación (que se conoce en estas enfermedades como remisión completa) y por esto los tratamientos se aplican en varias fases: 

  • Fase de inducción a la remisión. Utiliza siempre fármacos de quimioterapia intensiva (habitualmente aplicados por vía intravenosa) para eliminar totalmente las células malignas, tanto de la sangre como de la medula ósea. Para conseguir este objetivo, con frecuencia se precisan varios ciclos de inducción a la remisión; pero a veces también se han de completar con otros llamados de consolidación.
  • Fase de consolidación o post-remisión. A pesar de haber conseguido la remisión o desaparición de las células malignas, con frecuencia, dependiendo del tipo de leucemia y de los factores pronósticos, es preciso realizar un tratamiento complementario de consolidación. Éste sirve para aumentar el grado de eficacia para curar la enfermedad leucémica de forma definitiva. 

Este tratamiento a veces solo precisa de nuevos ciclos de quimioterapia, que se llaman a veces de intensificación. Pero según los casos, para mejorar la eficacia terapéutica, puede ser necesario complementar el tratamiento con lo que conocemos como trasplante de medula ósea (TMO).  

El TMO hoy en día, en la mayor parte de las ocasiones de denomina “trasplante de progenitores hematopoyéticos” (TPH). Es porque lo que se trasplanta son las células precursoras de los tipos celulares afectados en estas enfermedades. 

Y cada vez más estas células se obtienen no de la médula ósea del hueso, sino que se pueden obtener de la sangre de la persona (que se extrae como si fuera una transfusión). Por esto se habla a veces de trasplante de células progenitoras de sangre periférica (TSP).  

Incluso a veces estas células pueden ser extraídas de la sangre obtenida de la obtenida de los cordones umbilicales que existen en los bancos hematológicos: trasplante de células de cordón (TC). 

Para realizar el trasplante, es necesario por tanto conseguir este tipo de “células madre” sanas. Y éstas pueden obtenerse de varias procedencias: 

  • Del propio paciente: se llama Trasplante Autólogo o autotrasplante.
  • De otro donante compatible diferente al enfermo: Trasplante Alogénico.

El donante, siempre que sea posible, suele encontrarse entre los hermanos del paciente (si existe un gemelo idéntico es lo mejor porque existe mayor histocompatibilidad).   

En caso de que esto no sea posible, se realiza una búsqueda de donante histocompatible en los bancos de médula ósea que existen a nivel mundial. Esta búsqueda se activa desde el hospital en los casos en que está indicado. 

La necesidad o no de realizar este tipo de terapias será diferente en función del tipo de leucemia y su pronóstico, así como según la edad y características de salud del paciente. Los hematólogos valorarán de forma individual al enfermo y le indicarán la conveniencia o no de recibir estos tratamientos (que son bastante agresivos) por lo que hay que seleccionar muy cuidadosamente a los pacientes que los reciben. 

¿Cuáles son las secuelas?

El tratamiento de las leucemias agudas cura a muchos enfermos.

Sin embargo, se han descrito algunas complicaciones tardías y riesgos a largo plazo que pueden presentar los supervivientes y que conviene conocer.

La radioterapia craneal puede alterar la capacidad de aprendizaje de los niños que la reciben. 

La quimioterapia puede provocar a largo plazo (de forma infrecuente) alteraciones cardiacas o la aparición de otras neoplasias distintas de la inicial. La quimioterapia intratecal* en raras ocasiones provoca alteraciones del funcionamiento de la médula espinal.

Por último, la fertilidad se puede ver afectada con algunos tipos de quimioterapia, por lo que se recomienda discutir.

Seguimiento

Las revisiones al principio son frecuentes e incluyen análisis de sangre y de vez en cuando análisis de la médula ósea.

Las posibilidades de recaer se reducen de forma importante pasados los primeros años y a partir de ese momento se convierte en más importante la vigilancia de las posibles secuelas.

Cada vez hay más personas en España curadas de su leucemia, reincorporadas a una vida laboral normal y que han tenido descendencia.