Linfoma no Hodgkin: Tratamiento

Los tratamientos para los Linfomas No Hodgkin, pueden ser muy diferentes, al igual que los son diferentes los tipos de células afectadas. También variarán mucho según sea la forma de presentarse: los linfomas de evolución indolente no tienen las mismas pautas que los de comportamiento más agresivo. Y por supuesto influirá el grado de extensión de la enfermedad; pero sí podemos encontrar algunas características comunes para estos linfomas.

Tratamiento del Linfoma No Hodgkin en laboratorio

 

¿Cómo se elige el tratamiento adecuado?

A lo largo de los años se ha ido aprendiendo cómo mejorar el tratamiento de los Linfomas No Hodgkin, y cómo conseguir un elevado porcentaje de curaciones con la quimioterapia, la radioterapia o combinando ambos tratamientos.

En los últimos años los resultados han mejorado mucho tras la incorporación al tratamiento de los denominados anticuerpos monoclonales.

La cirugía tiene un papel limitado, con la excepción de la biopsia inicial para el diagnóstico de la enfermedad y el tratamiento de algunas complicaciones.

El gran reto está en cómo escoger el tratamiento más adecuado para cada paciente, de modo que sea suficiente para conseguir la curación o el mejor control de la enfermedad sin causar una toxicidad excesiva a corto o largo plazo.

Para ello se adapta a la situación de su enfermedad (estadio y grupo pronóstico) y de la persona enferma (edad, funcionalidad y enfermedades asociadas).

Pautas de tratamiento del Linfoma No Hodgkin

El grupo pronóstico se asigna según esquemas aceptados internacionalmente, que con frecuencia son de uso exclusivo para un tipo concreto de tumor (IPI para los linfomas de células grandes, FLIPI para los linfomas foliculares, MIPI para el linfoma del manto, etc.).

La elección del tratamiento depende del tipo de linfoma, de su extensión y del grupo pronóstico en el que se sitúe la persona enferma.

Tipos de tratamiento

En ocasiones se puede optar por una vigilancia médica sin tratamiento, particularmente en los linfomas indolentes.

Cuanto más localizado es el linfoma y más lento su crecimiento, las opciones de curación con radioterapia son mayores.

Cuanto más rápido sea el crecimiento del tumor y más diseminado esté, más importante es la quimioterapia.

En general, la asociación de quimioterapia con anticuerpos monoclonales en los casos en que están disponibles (lo que se denomina inmunoquimioterapia) resulta más eficaz que la quimioterapia aislada. Éste es un campo de investigación que ha permitido avances espectaculares en los últimos años.

Vigilancia activa

La realización de revisiones periódicas sin administrar ningún tratamiento, hasta que aparezcan síntomas de la enfermedad o el médico anticipe su aparición a corto plazo, es una opción aceptada internacionalmente para algunos tipos de linfoma de crecimiento lento en los que iniciar el tratamiento pronto no es siempre la mejor opción.

Radioterapia

La radioterapia es un tratamiento poco utilizado en los Linfoma No Hodgkin, que utiliza radiación para eliminar células tumorales. Aun así, tiene un papel importante en algunos casos en que la enfermedad está muy localizada.

La radioterapia puede producir alteraciones en la piel sobre la que se aplica: enrojecimiento o descamación. Ocasionalmente puede producir un cansancio leve. Además, puede dañar los órganos que están cerca del campo de radiación, como por ejemplo las gónadas (testículo u ovario), tiroides, pulmón, etc. Pero estos efectos secundarios se dan cada vez menos, sobre todo porque cada vez más se consiguen radiar las zonas afectadas con mayor precisión.

La quimioterapia

La quimioterapia, sola o en combinación, es el principal tratamiento para los Linfomas No Hodgkin.

La quimioterapia se considera un tratamiento sistémico ya que el medicamento es introducido en el torrente sanguíneo, viaja a través del cuerpo y puede eliminar las células tumorales de todo el organismo. Generalmente se administra directamente en la sangre a través de una vena; a veces se administra directamente en el líquido cefalorraquídeo para eliminar las células malignas del cerebro y médula espinal.

La quimioterapia de intensificación con trasplante de medula ósea se debe considerar en situaciones especiales.

Los medicamentos usados en la quimioterapia son múltiples, y suelen producir efectos secundarios como: pérdida temporal del pelo, lesiones en la boca, náuseas, anemia, riesgo de sangrado, riesgo de infecciones o alteraciones menstruales.

Algunos fármacos también provocan alteraciones en manos y pies (con sensación de adormecimiento y enrojecimiento), alteraciones cardiacas, o pulmonares...

Estos efectos no siempre se presentan ni con la misma intensidad ni en todos los pacientes, y suelen desparecer tras finalizar la quimioterapia.

A veces estas alteraciones no aparecen al inicio del tratamiento, sino que pueden presentarse a largo plazo.

Tratamientos de Linfoma no Hodgkin quimioterapia

 

Anticuerpos monoclonales

Los anticuerpos monoclonales son “balas mágicas” para eliminar el tumor y no dañar el resto del organismo. El anticuerpo monoclonal con el que se tiene más experiencia en el tratamiento de los linfomas es el Rituximab, pero cada día se investigan más estas enfermedades y así han ido surgiendo nuevos medicamentos de este grupo.

En muchos de los casos, forman parte del tratamiento habitual de múltiples tipos de linfomas, junto con los diferentes esquemas de quimioterapia (combinación de fármacos que se usan de forma estándar para cada subtipo de enfermedad).

Otros tratamientos

En los casos en los que la enfermedad no responde al tratamiento, o se esperan dificultades, se pueden utilizar otros tipos de terapias.

En los casos de linfomas de crecimiento rápido, la quimioterapia alternativa se debe seguir de un trasplante hematopoyético, generalmente utilizando células madre del propio paciente (trasplante autólogo). En algunas situaciones se puede recurrir también a la utilización de células madre de otra persona (trasplante alogénico), sabiendo que los riesgos derivados de ese tipo de trasplante son muy elevados. Para las personas que no responden a estos tratamientos hay otros muchos en investigación.

Se están utilizando solo en algunos casos de linfomas y dentro de estudios de investigación, las llamadas terapias con células CART. Son tratamientos personalizados en que los pacientes reciben su propias células tras ser éstas modificadas para que puedan eliminar las células malignas junto con el resto del sistema inmune del enfermo.

Evaluación de los resultados

La respuesta al tratamiento se evalúa siguiendo directrices aceptadas internacionalmente y a veces incluye la repetición de la prueba PET en varios momentos del tratamiento y una nueva biopsia de confirmación en el caso de que el resultado de la prueba sea anormal.

Las diversas combinaciones de terapias que existen para los diferentes subtipos de linfomas van a conseguir su objetivo terapéutico.

Hay una alta tasa de curación de los linfomas de tipo agresivo. No es tan alta, al contrario, la de los linfomas de evolución crónica o indolente, pero se consiguen igualmente tasas altas de control y estabilización de la enfermedad prolongadas en el tiempo.

Secuelas de la radioterapia

La radioterapia puede dañar los órganos que están cerca del campo de radiación, como, por ejemplo: la glándula tiroides, las mamas, el corazón, el pulmón, los testículos o los ovarios.

Tienen (los pacientes que han recibido este tipo de tratamiento) mayor riesgo a largo plazo de presentar alteraciones en algunos de estos órganos de forma crónica (fibrosis pulmonar por ejemplo).

Pueden presentar también un riesgo por encima de lo normal para padecer algunos tipos de tumores (cáncer de mama por ejemplo en mujeres radiadas en la zona torácica).

Secuelas de la quimioterapia

La quimioterapia puede producir enfermedades o alteraciones en diversos órganos tras años de finalizar el tratamiento.

Se deben tener en cuenta y controlar las más frecuentes, sobre todo: las alteraciones cardiovasculares (insuficiencia cardiaca en pacientes más jóvenes de lo habitual, por ejemplo).

También es posible la aparición de nuevos tumores o enfermedades oncohematológicas diferentes (leucemia, síndromes mielodisplásicos, por ejemplo).

Muchas quimioterapias pueden provocar alteraciones en la fertilidad, por lo que se recomienda a las personas jóvenes, que pregunten a su médico sobre la posibilidad de llevar a cabo alguna pauta o estrategia previa a los tratamientos para intentar preservar la capacidad futura para tener hijos.

Este tipo de secuelas se suele dar principalmente en pacientes que han recibido estos tratamientos a edades jóvenes. Dada la alta tasa de superveniencia en estos procesos, es cuando al cabo de los años suelen aparecer problemas debido a las terapias.