Diagnóstico del sarcoma de tejidos blandos

Generalmente, el diagnóstico del sarcoma de tejidos blandos se debe sospechar por la aparición de un bulto o tumoración en las partes blandas. En su inicio puede ser indoloro. Cuando aumenta de tamaño, al comprimir otros tejidos, puede producir dolor. Cuando se encuentra en el abdomen, pueden tener gran tamaño sin dar síntomas.

Dado que la gran mayoría de las tumoraciones situadas en partes blandas son benignas, hay unos criterios que deben hacer sospechar que se trate de un sarcoma. Estos son :

  • Tamaño mayor de 5 cm.
  • Aumento de tamaño rápido.
  • Localización profunda.

Una vez se tiene la sospecha de que pueda tratarse de un sarcoma de partes blandas, se realizarán pruebas complementarias para su estudio, siendo la biopsia el método diagnóstico de certeza.

cómo se detecta un sarcoma

 

¿Cómo se detecta?

Para comenzar a detectar un sarcoma de partes blandas, se comienza recogiendo una buena historia clínica seguida de la exploración física. 

Historia clínica

En la historia clínica se recogerá cuándo ha aparecido la tumoración, cómo ha evolucionado, cuánto ha aumentado de tamaño y en cuanto tiempo, si está acompañada de otros síntomas como dolor u otro.

Los antecedentes familiares y personales son importantes para descartar cualquier factor de riesgo.

Examen Físico cuidadoso

Posteriormente debe realizarse una cuidadosa exploración física, observando diversas características de la tumoración, como el tamaño, localización, consistencia, movilidad, existencia de otras lesiones, etcétera.

Si el médico sospecha la existencia de un tumor maligno de tejidos blandos, el diagnóstico del sarcoma requerirá la realización de una Resonancia Magnética Nuclear (RMN) y una biopsia.

Pruebas para detectar el sarcoma

Para determinar no sólo el lugar, tamaño, características y relación del tumor con los otros órganos vecinos, sino también conocer si el tumor se ha diseminado en otras partes del organismo, hay diferentes técnicas.

Las pruebas para detectar el sarcoma, van desde las radiografías simples, a técnicas más sofisticadas como el escáner (TAC), la resonancia magnética nuclear (RMN) o la tomografía de emisión de positrones (PET). Este procedimiento ayudará a clasificar el tumor en estadios, que es relevante a la hora de seleccionar el tratamiento más adecuado.

Estudios radiológicos

En la actualidad, la primera prueba a realizar es la Resonancia Magnética Nuclear. Con esta prueba de imagen vamos a confirmar la existencia del tumor, y nos va a aportar información relevante sobre su tamaño, características, puede hacer una aproximación sobre la benignidad o malignidad de la lesión, sus relaciones con los tejidos vecinos, etc.

Esto también va a ayudar a planificar el tratamiento quirúrgico a realizar. 
El TAC se utiliza fundamentalmente como estudio de extensión, buscando posibles metástasis, fundamentalmente pulmonares.

Biopsia

Consiste en tomar una pequeña muestra del tumor para poder analizarlo en el microscopio, y poder determinar si hay presencia de células malignas, y qué tipo de células son. La selección del tratamiento también depende del tipo de célula maligna que sea.

En ocasiones, la biopsia se realiza con un acto quirúrgico, mediante una incisión en la piel, o a través de un tubo endoscópico cuando el tumor está en una cavidad. La toma de biopsia debe realizarla médicos muy especializados, para no comprometer la posibilidad de cirugía curativa posterior.

Generalmente, la muestra se obtiene mediante una aguja guiada mediante imágenes obtenidas por ecografía o bien con un TAC. Dicha aguja permite extraer un pequeño cilindro del tejido a analizar.

Recomendaciones

Es importante determinar el grado histológico, ya que permite clasificar estos tumores en bajo grado o alto grado, que se corresponde también con su agresividad y la posibilidad de desarrollar metástasis a distancia.