Asociación Española Contra el Cáncer

¿Cómo te podemos ayudar?

Reacciones frente al cáncer

Enfrentarse a un diagnóstico de cáncer es una situación inesperada que supone un cambio importante en la vida. El enfermo pasa de ser una persona más o menos sana, con sus ocupaciones y sus problemas cotidianos, a ser una persona con una seria enfermedad. La forma en que el cáncer afecta a cada persona es diferente.

Mujer preocupada

Cada persona tiene una forma de ser, un modo de hacer frente a los problemas, un conjunto de creencias y valores y una forma determinada de ver el mundo, y por tanto, única será la forma que cada uno afrontará la enfermedad. Hay tantas reacciones como personas.

Aunque las reacciones de cada persona son diferentes, las emociones que sentimos las personas ante estas situaciones suelen ser comunes a todos nosotros. 

La mayoría de las personas diagnosticadas de cáncer sufren un shock emocional al recibir el diagnóstico; nadie está preparado para recibir esta noticia. Necesitamos tiempo para asimilar lo que está pasando.

Algunas personas se ponen muy nerviosas, agitadas, irascibles, otras se sienten tremendamente tristes, o se encierran en sí mismas... El enfermo puede experimentar, entre otros sentimientos, tristeza, cólera, miedo, confusión y desesperanza. 

Tras el diagnóstico, las personas sentimos miedo, a sufrir, al futuro… y rabia. No es raro que las personas se pregunten si se van a morir, por qué le ha ocurrido a ellos o por qué la vida les ha tratado así. Es totalmente normal hacerse estas preguntas. 

Te puedes sentir desesperanzado y triste. Es normal, sin duda es difícil sentirse optimista en una situación así. 

La sensación de incertidumbre e inseguridad respecto a lo que pueda ocurrir es la sensación que probablemente caracteriza mejor que ninguna otra la experiencia de cáncer. 

También es frecuente sentirse culpable por no haberse dado cuenta antes, por haber podido hacer algo que provocase el cáncer… Es muy importante que recuerdes que el cáncer no es culpa tuya, ya que la enfermedad es consecuencia de la combinación de múltiples factores.

Es importante no confundir estas reacciones y temores con un problema psicológico. Recuerda que todas estas emociones son normales y poco a poco se irán debilitando, son parte del proceso de adaptación. 

No olvides que las tasas de supervivencia son cada vez más elevadas; cerca de 8.4 millones de personas con cáncer viven en este momento.

 

¿Cómo manejar las reacciones frente al cáncer? 

A muchas personas les resulta difícil convivir con emociones tan cambiantes y tan intensas. Ante situaciones de crisis, las emociones, antes o después aparecerán. No sirve de nada intentar no sentirlas. Cuando las ignoramos o reprimimos, lo que suele ocurrir es que afloran en los momentos menos indicados y de la forma más inapropiada.

Ten presente, que el hecho de que no tengas una actitud positiva no va a afectar a la posible evolución de tu enfermedad, no te sientas culpable por ello. Pero, eso sí, no te abandones a la tristeza y al abatimiento. El modo en que te enfrentas a la enfermedad influye en tu calidad de vida. 

Las siguientes ideas te pueden ser útiles: 

  • Aceptar lo que sientes y expresarlo te puede ayudar

Los sentimientos de tristeza, rabia o temor son tan normales como los de felicidad, sosiego o placidez. Sentirlos no significa ser débil, no te       sientas culpable por ello. 

Ten en cuenta que la enfermedad y los tratamientos están provocando situaciones nuevas y difíciles. Se tolerante contigo mismo y demuéstrate aceptación y respeto, incluso en los momentos en los que sientas mayor debilidad. Es la mejor manera de que la ira, el temor y/o la tristeza pierdan fuerza y comiences a tener un cierto control sobre ellos.  

  • Comparte los sentimientos con personas de tu confianza

La alegría, el abatimiento, el enojo, el miedo, la sorpresa, necesitan ser aireadas. La mejor forma de conseguirlo es compartirlos con otros. Esto no significa que tengas que expresar tus sentimientos a todos, busca aquella persona o personas de tu confianza para hablar de tus sentimientos.  

  • No intentes pasar por todo esto tú solo

Muchas personas realizan esfuerzos sobrehumanos para controlarse. Les aterra que las emociones hagan su aparición porque no sabrían como manejarlas. A menudo, este esfuerzo por contenerse resulta inútil y aumenta la tensión emocional por lo que el malestar acaba explotando de forma descontrolada (ataque de llanto, furia desmedida, etc). Expresa tu malestar cuando éste sea todavía de poca intensidad. Hablar te ayudará a darte cuenta de lo que realmente te preocupa y te permitirá tomar la distancia suficiente para poder buscar una solución.  

  • Controla los pensamientos

Las personas reaccionamos de diferente manera ante una misma situación de estrés. No son sólo los acontecimientos los que causan las emociones, sino también nuestra interpretación sobre ellos. Un mismo suceso puede provocar emociones distintas, según como se interprete. Aunque hay situaciones muy problemáticas, suele ser el diálogo interno plagado de pensamientos negativos, poco realistas y exagerados, los que crean y mantienen un sufrimiento innecesario. 

No anticipes problemas que no tienes la certeza que van a ocurrir. Cuando preveas que puedes tener que enfrentarte a una situación difícil, analízala de la forma más objetiva posible para buscar soluciones y prepararte para hacerla frente. Si no te sientes capaz de enfrentarte a ella, busca ayuda. 

  • Mantén la mente ocupada en actividades útiles y agradables. La inactividad favores la aparición de pensamientos negativos.

Podrás enfrentarte mucho mejor a la realidad del cáncer cuando disminuyan los problemas emocionales que lo complican. Por ello, si te sientes especialmente abrumado por la situación, busca ayuda.

¿Cuándo buscar ayuda? 

¿No te encuentras bien contigo mismo? ¿te encuentras muy triste? ¿no sabes si serás capaz de superar la enfermedad? El psicólogo te puede ayudar a resolver tus miedos y dudas. 

Algunas personas acuden al psicólogo cuando se sienten desbordadas por la situación e incapaces de afrontarla por sí mismas y les resulta muy difícil hacer frente al diagnóstico de cáncer, a los tratamientos, a la vuelta a la normalidad… Se sienten bloqueadas, ven que no están avanzando y no se sienten nada satisfechas con su forma de actuar. 

Sin embargo, no hace falta que esperes a sentirte desbordado. Puedes pedir ayuda cuando empieces a notar señales de malestar y comiences a sentir que algo no anda bien. También puedes hacerlo si necesitas orientación o ayuda para tomar decisiones o solucionar problemas.

La intervención psicológica te puede ayudar a mejorar tu calidad de vida, a desarrollar conductas y habilidades que te resulten beneficiosas, a aprender la manera de afrontar situaciones difíciles, a manejar emociones y pensamientos que resultan desagradables y/o a modificar los factores del ambiente que contribuyan a los problemas anteriores. 

No dudes en buscar ayuda.  Hay muchos profesionales que pueden ayudarte a manejar las emociones que pueden aparecer a lo largo de la enfermedad apoyándote en todo el proceso, mejorando tu calidad de vida.

Algunas sugerencias importantes...

Recuerda que la personalidad, las creencias, la actitud ante la enfermedad, afectan a tu comportamiento y a tu calidad de vida, no al cáncer.

Tu papel es importante para superar con éxito la enfermedad. Puedes poner en práctica tus propios recursos y estrategias para manejar las dificultades y las emociones que se vayan presentando. No hay dos personas iguales, con lo que cada afectado afrontará la enfermedad a su manera. 

Aunque siempre es deseable una actitud positiva, esto no significa que no puedas pasar por momentos de desánimo o malestar. Es más, el hecho de no mantener todo el tiempo una actitud positiva, no va a afectar a la posible evolución de tu enfermedad. Así que no te sientas culpable si a veces te sientes triste o desanimado. 

En tu proceso de adaptación y aceptación de la enfermedad te será útil ir afrontando cada situación paso a paso, apoyándote en los recursos de que dispongas y en las personas de tu entorno. Procura afrontarla ACTIVAMENTE. Para ello, te sugerimos algunas estrategias que pueden resultarte útiles:   

  • No permitas que la enfermedad sea el centro de tu vida. Un enfermo es mucho más que una enfermedad. 
  • Disfruta de lo positivo que puede haber en cada momento. Disfruta lo que tienes, en lugar de sufrir por lo que puedas perderte. Vive el aquí y ahora, no te lo pierdas por estar todo el rato pendiente del futuro. Eso no significa que tengas que olvidarte de la enfermedad. Aprende a convivir con ella y a la vez vive el presente. 
  • Intenta ser optimista. Aunque no puedas elegir las circunstancias que estás viviendo, sí puedes elegir cómo responder ante ellas. Ser optimista es una opción, no es algo que nos viene dado. 
  • Date permiso para sentirte triste, irritado, preocupado o tenso. Estos sentimientos son tan normales como los de felicidad o sosiego. Sentirlos no significa que seas débil. 
  • Sé valiente. Tener valor no significa no tener miedo; significa simplemente actuar a pesar de los temores. 
  • No olvides el presente. Si te olvidas por temor al futuro, te perderás muchas cosas buenas. 
  • Cuídate. Realiza ejercicio físico moderado siempre que el médico lo considere adecuado. Descansa lo necesario y aliméntate adecuadamente. 
  • Expresa tus sentimientos. No esperes a estallar, expresa tu malestar, rabia, tristeza… cuando todavía no sea muy intenso. Demasiado autocontrol puede ser inútil y contraproducente, porque al final puedes acabar explotando de forma descontrolada.
  • Tómate tu tiempo para pensar en lo que te está pasando. A veces, cuando estamos sometidos a emociones intensas, no vemos con claridad y objetividad la situación. Puede ser útil que te preguntes qué es lo que te produce malestar, lo que te ayuda, lo que te asusta…
  • Ten cerca a las personas queridas. Disfruta de ellos y con ellos. 
  • No te aísles. A lo mejor prefieres no compartir lo que te pasa y que nadie te vea sintiéndote mal, pero esto puede hacer la experiencia aún más difícil y además los otros les gustará ayudarte y acompañarte si así lo desean.
  • Aumenta las actividades de ocio y tiempo libre: realiza cosas nuevas, nuevos pasatiempos y hobbies. 
  • Mantente activo. Intenta centrarte en aquellas cosas que puedes cambiar. Pequeños cambios en tu entorno pueden facilitarte mucho la vida. Te ayudará buscar soluciones y ponerlas en práctica. 
  • Busca apoyo y confianza en tu equipo médico.
  • Participa en las decisiones sobre los tratamientos infórmate hasta donde tú necesites.
  • Busca apoyo en otras personas que hayan pasado por lo mismo. Su experiencia puede serte muy útil y es probable que te sientas comprendido.
  • Busca información adecuada que te permita comprender en cada momento lo que está pasando.
  • Utiliza todo lo que en el pasado te ha funcionado para hacer frente a otras situaciones de crisis. Ahora bien, si lo que haces no te funciona, busca ayuda para descubrir otras maneras de resolver los problemas.

Intenta disfrutar intensamente de todos los momentos felices y positivos que este período de crisis te puede proporcionar. No olvides que, por difícil que parezca, se puede ser feliz aún teniendo una enfermedad grave.

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