Carta a mis hermanos

Hace 1 año

Eres la última huella que dejó en la tierra, tan bonita, dócil y preciosa. Para mí eres una joya de incalculable valor en 2 sentidos: eres mi hermana y su hija.
Significaste el dolor y la alegría, pues eras la „venida“ y ella „la que se iba“.
Ella se fué marchitando, como las „flores“ ó las hojas en otoño; y tú al contrario, crecías y empezabas a vivir.
Ella dejó de reír, y lloró por ti, (bueno, por ti y por ella), lloró de alegría por su nueva hija, alguien a quién dió la oportunidad de vivir en el mundo del que ella se despedía.
Y lloró de pena: por tu vida, por tu futuro, qué iba a ser de tí sin ella?, (cuántas veces se haría ella esta pregunta). Y la verdad es que no la tienes ni la tendrás nunca, por mucho que llores y digas entre sollozos que la quieres ver, que quieres que baje y esté contigo: Olárizu, eso no puede ser.
Y lo de „nunca digas, nunca jamás“ no vale en este caso.
Y de tí, de tí escribiría mucho más, muchas más palabras de dolor, de sueños de infancia destrozados, destrozados por el deseo de Alguien que te la arrebató y te dejó en un mundo demasiado cruel para un niño de 4 años que se acababa de quedar sin....sin esa persona indispensable que te sonrie al levantarte y te da un beso al acostarte.
Has estado creciendo entre peleas, malas palabras y cariño a raciones. Te he visto llorar por mí, por mis lágrimas, con las que te causaba aún más dolor. Espero que me puedas perdonar, y que todo esto, de lo que eres inocente pero uno de los más perjudicados, no cause ni haya causado nada malo en tí.
Espero que no guardes rencor a nadie que no se lo merece, que seas felíz, completamente felíz, y que no tengas que desarrollar tanto la mente y pensar en las consecuencias de tus actos. No dejes que nada te afecte y cubre con una coraza tu corazón, para que no hundan el metal frio en ella ( que asemeja al veneno del odio, a las espinas del dolor); pues se te hará añicos y tu mirada es demasiado bonita para que se vuelva triste y melancólica, igual que tu sonrisa.
No pienses en el pasado, vive la vida y piensa bien a quién dejas que cale hondo en tu corazón, que llege hasta tí; pues cuando ese cariño te falta, te lo digo yo que lo sé, algo se muere dentro de tí, y tendrás miedo de volver a querer asi, pues te preguntarás: „ Y si lo pierdo otra vez?“.
Miguel, si algún día lees esto, entiende lo mal que me siento, entiende que tengo 17 años y quiero vivir la vida como tal, entiende que te quiero mucho, pero a mi manera, y no te quepa duda de que pienso todos los días en tí, en nuestra vida. Muchas veces trato de olvidar mi situación, que os tengo a los dos y que me necesitaís, pero a la vez me causa dolor el reconocerlo, el darme cuenta de toda la responsabilidad que tengo respecto de vosotros, y pienso:“espero que algún día me perdonen“, pero me encanta sentirme felíz y libre, como todos mis amigos. Por favor, perdóname y compréndeme.
Os deseo todo lo mejor a los dos.
(Enero 1.995)